Adolescentes en clase: un desafío con recompensas a largo plazo

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La palabra motivación aparece de manera ineludible en cualquier entrevista entre un profesor y la familia de un alumno adolescente: “Es que no está motivado”. Es el momento en el que el docente empieza a notar cierta inquietud y a asumir que la entrevista quizá no consiga los objetivos que se plantean en cualquier manual de tutoría aplicada.

Muchos padres se sienten inseguros e impotentes ante los cambios que la adolescencia produce en sus hijos. Las notas no son las que eran y el miedo empieza a aparecer en casa bajo la idea del llamado “fracaso escolar”.

¿Qué influye en la motivación?

El estudio de la motivación ha sido desarrollado por investigadores en todo el mundo, encontrando motivos diferentes que influyen en los jóvenes según la procedencia cultural, el ambiente familiar y del aula, así como los que se derivan de aspectos personales como la imagen que se tiene de uno mismo.

La motivación es un estado emocional. Dado que la adolescencia es un período de inmadurez donde las emociones se vuelven más incontrolables y difíciles de gestionar, nos podemos imaginar que es el momento perfecto para el conflicto interno y con el mundo.

¿Es motivar una tarea del docente?

En el aula, el docente se encuentra con más de veinte adolescentes, habitualmente con bajo interés por los estudios y por lo que la escuela pueda proponer. No hay en este aspecto uniformidad total, ya que se pueden encontrar diferentes niveles de motivación pero, en general, las “ganas” se reducen con respecto a los años infantiles.

La influencia de la edad y el momento de maduración psicológica es una parte de la explicación de este fenómeno que se refleja, por ejemplo, en que el interés por la recompensa a largo plazo es más pequeño que en etapas anteriores.

Un objetivo a medio plazo

El aprendizaje humano es un proceso de tal magnitud que pretender que se convierta en algo rápido, fácil y sin complicaciones es un auténtico y catastrófico error. Hoy están apareciendo movimientos que propugnan un tiempo lento y pausado para el aprendizaje infantil, buscando unas pautas y un espacio donde se deje que cada niño pueda, siguiendo su ritmo, aprender.

Está claro que no nos podemos dormir pero, ¿no estaremos, en este mundo de la rapidez y de los objetivos inmediatos, dejando de lado lo que supone realmente el aprendizaje?

No debemos olvidar, además, la complejidad del ser humano, ni la época en la que vivimos, en la que todo es rápido y automático. Estamos inmersos en un mundo difícil para los jóvenes. Fácil a veces, y de una gran sobreprotección también. Esto es entendible pero no aceptable, puesto que ya se están produciendo dificultades en el desarrollo humano que se reflejan en la escuela y en niveles superiores.

Cercanía, confianza y convivencia

En el aula, tanto infantil como adolescente, sigue siendo importante la cercanía con los alumnos y el conocimiento de sus inquietudes, sus gustos y sus sueños. Esto no es fácil en la etapa adolescente, ya que el adolescente se vuelca casi totalmente en sus amigos y sus compañeros. Familia y profesores pasan a un segundo plano. Incluso algunos se vuelven herméticos y se aíslan, viendo el mundo adulto como una amenaza o como algo trasnochado y enfrentado a sus intereses.

La confianza y el convencimiento de que el tiempo y la convivencia van a ir en beneficio de todos es fundamental. Hay que tener en cuenta que en la adolescencia, los tiempos del aprendizaje, de cambio, de mejora en general, se dilatan, a veces de manera desquiciante. La paciencia es imprescindible. No rendirse y seguir con la esperanza de que las cosas irán encajando y darán frutos positivos, sorprendiéndonos y emocionándonos.

Conectar a través de la música

Trabajar con adolescentes lleva aparejado altas dosis de ilusión, ganas y confianza. En todo momento se debe tener presente la edad de los estudiantes, “la del pavo”. Si se mira con perspectiva, los cambios que se van operando a medida que va pasando el tiempo suelen ser impresionantes.

Se hace necesario buscar recursos que puedan conectar con sus preferencias, por ejemplo, la música. Es imprescindible estar al día porque nos ofrece herramientas que, adaptadas a la etapa educativa correspondiente, pueden atraer su atención y su interés.

El uso de las diferentes formas de trabajar en el aula, como el aprendizaje cooperativo grupal, trae también muchos beneficios tanto a nivel académico como personal y social. Después del proceso cooperativo, si se sigue de una forma cuidada y con paciencia, los resultados pueden ser casi mágicos.

En conclusión, es fundamental no rendirse. También la cercanía, la paciencia y la esperanza, la preparación cuidadosa de los materiales y de todo lo necesario para el trabajo en el aula, la actualización constante y, por supuesto, el diálogo y el respeto mutuo.

The Conversation

Ana Cristina Formento Torres no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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