Cómo ser un buen profesor: diez consejos
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Ser profesor no es una profesión fácil: más allá de la vocación, es imprescindible una buena preparación para poder motivar y conducir al alumnado desde lo que son a lo que pueden llegar a ser. Un reto que va a depender de las expectativas mutuas.

Es imposible motivar al alumnado si uno no está motivado. No podemos dar lo que no tenemos. Por eso es fundamental creer en la profesión y tratar de sacar lo mejor de los demás. Sin esta base, es difícil que un profesor haga bien su importante labor.

¿Cómo ser un buen profesor? ¿Qué consejos podemos seguir? Dicen que los primeros años enseñamos para nosotros y después enseñamos para los demás. En mi caso, siempre he practicado el aprendizaje vicario, incorporando lo que me ha gustado y eliminando lo que no me ha gustado de los profesores que he tenido.




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A continuación doy diez consejos que me han funcionado muy bien en estos más de 20 años de experiencia docente. Si buscamos cómo se un buen profesor, estas son algunas cosas que podemos hacer:

  1. Aprender los nombres de los alumnos. Esta sencilla práctica hace que perciban que nos importan y que no son números para nosotros, sino personas. De esta manera salen del anonimato y prestan atención. Pasamos de decir “a ver si os calláis” a decir: “Pedro, ¿qué opinas de esto?”. Los demás perciben rápidamente que esto va de personas y es para personas. Algunos estudios nos indican que esta práctica es una buena idea.

  2. Si les preguntamos en público, que sea para algo bueno. No es una buena práctica llamar la atención en público a un alumno, delante de toda la clase. Si lo hacemos, que sea para darle la oportunidad de lucirse y, si no puede, ayudarle a hacerlo. Se trata de hacer una clase participativa donde el alumno es el protagonista y hay que darle un protagonismo sano.

  3. Los criterios claros y por adelantado. Las normas de funcionamiento de clase son las mismas para todos. Hay que seguirlas: puntualidad, respeto a los demás, etc. Conviene seguir y hacer cumplir las normas. Tiempo tendremos de relajar las normas más adelante si queremos, pero cuando logremos el respeto de la clase, no antes. Si empezamos siendo formales, luego podremos relajarnos y ser más flexibles, pero si empezamos siendo “guays” posiblemente tendremos que acabar siendo duros. ¿Cómo nos ganamos el respeto? Usando las mismas reglas y criterios para todos.

  4. Duración de la sesiones. 50 minutos es el tiempo que podemos llegar a mantener la atención y la motivación del alumnado, tal y como señala la técnica pomodoro. A partir de ese tiempo, el cansancio influye en la clase, por lo que lo recomendable es realizar breves descansos o combinar con prácticas en el aula. Con una mirada basta para saber si nos siguen o no en las explicaciones o si están cansados. Es bueno acostumbrarse a mirar e interpretar.

  5. Combinar teoría y práctica. Para ser un buen profesor, la teoría es necesaria, pero también la práctica. Lo ideal es combinar ambas para lograr sesiones atractivas que generen interés e implicación del alumnado. Es cierto, como decía Kurt Lewin, que no hay nada más práctico que una buena teoría, pero la práctica es fundamental. Una ratio recomendable es un tercio de teoría por dos tercios de práctica.

  6. Comienzo de las clases. Comenzar siempre con un breve repaso de la sesión anterior ayuda a reforzar el aprendizaje. A continuación, explicar qué es lo que se va a realizar en la sesión, para que mentalmente puedan preparar un mapa mental que les permita integrar el esquema con lo que ya conocen. Es el principio del aprendizaje significativo de David Ausubel llevado a la práctica.

  7. Ejemplos cercanos. Otra buena práctica para ser un buen profesor es utilizar ejemplos de casos y situaciones cercanas, ya que favorece un aprendizaje significativo. Los ejemplos ayudan a entender mejor y se refieren a personas o situaciones que los estudiantes conocen más de cerca. Ayuda a concretar las situaciones, a bajar de lo abstracto a lo concreto, de lo remoto a lo cercano.

  8. Solucionar los problemas en privado. Si un alumno genera problemas en el aula, podemos pedirle que se quede al acabar la clase para hablar con nosotros. Reprenderlo en público o exponerlo ante los demás no suele ser eficaz. Mantener el control de la clase y no dejarse llevar emocionalmente por una mala conducta es importante, y cuando estemos solos podemos explicarle lo que nos ha molestado y solicitarle un cambio de conducta.

  9. Localizar a los líderes. Es importante localizar a los líderes de la clase y mostrar cercanía y complicidad con ellos. Si están con nosotros, la clase también estará con nosotros. Si no ganamos a los líderes, no ganaremos a la clase. Es importante preguntarles si se entiende bien lo que explicamos, si la gente tiene dificultades para seguirnos y si les gusta la asignatura. Con toda la información que recibamos tendremos la oportunidad de realizar los ajustes oportunos en nuestras clases.

  10. Realizar una evaluación continua. Es mejor llevar una evaluación continua. Permite la mejora continua y la corrección inmediata para poder cumplir objetivos y expectativas. La calificación no tiene que ser una sorpresa, sino algo conocido y con capacidad para su mejora. La nota final no tiene margen de maniobra, pero la evaluación continua sí. Es la oportunidad de acordar unas expectativas realistas y fomentar la constancia y persistencia en la clase.




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Estos consejos nos ayudarán a ser mejores profesores y lograr tener un alumnado más implicado y motivado. Porque, como dijo el psiquiatra estadounidense Karl A. Menninger:

Lo que es el maestro, es más importante que lo que enseña.


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Fernando Díez Ruiz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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