Compuestos obesógenos: no solo nos engorda lo que comemos
Muchos envases de plástico contienen este tipo de compuestos contaminantes. Marina Onokhina/Shutterstock

La obesidad se ha convertido en una de las principales amenazas para la salud pública, sobre todo en los países desarrollados. Diversos factores favorecen su aparición –incluyendo los genéticos, que explican uno de cada cinco casos–, pero también hay desencadenantes ambientales.

Entre estos últimos, tienen un papel muy relevante la dieta y el sedentarismo. Sin embargo, cada vez hay más datos que apoyan la idea de que la contaminación puede influir en la aparición de la obesidad, al afectar al desarrollo del individuo, sobre todo, en las primeras etapas de su vida.

¿Qué son y dónde se encuentran los obesógenos?

Los obesógenos son aquellos compuestos que pueden inducir una acumulación excesiva de grasa en el cuerpo. Derivados de la industria química, están en el aire, el agua, los productos de limpieza, los cosméticos o incluso en los alimentos y sus envoltorios o envases plásticos.

La lista de estas sustancias no para de aumentar a medida que se estudian en profundidad los efectos nocivos de los distintos subproductos y residuos industriales. Estos son los principales:

¿Qué mecanismos nos hacen engordar?

Todos estos contaminantes generan kilos de más alterando el funcionamiento del organismo a distintos niveles, como veremos a continuación.

Por un lado, pueden inducir un aumento en el número y el tamaño de los adipocitos, es decir, de las células encargadas de almacenar la grasa. Esto supone una mayor capacidad de acumular dicha grasa en condiciones de exceso energético, como cuando ingerimos alimentos hipercalóricos. Y por otro lado, son capaces de alterar la capacidad del organismo para regular sus niveles de glucosa (azúcar) en sangre, reduciendo la capacidad de respuesta de determinados tejidos a la insulina.

Además, pueden afectar a los sistemas de regulación del apetito y de la sensación de saciedad, favoreciendo un mayor consumo de alimentos. También alteran el sistema hormonal y favorecen la aparición de procesos inflamatorios. Todo ello produce, en definitiva, un desequilibrio en la salud metabólica del individuo que puede dar lugar al desarrollo no solo de la obesidad, sino de otras patologías como la diabetes tipo 2 o enfermedades cardiacas.

Aparte de estas perturbaciones metabólicas, endocrinas e inflamatorias, que afectan a lo largo de toda la vida adulta, cada vez hay evidencias más claras de que los obesógenos tienen así mismo el potencial de alterar el modo en que nuestros genes se expresan durante las primeras etapas de vida, incluso durante la gestación. Estos cambios epigenéticos pueden predisponer a la obesidad desde etapas muy tempranas del desarrollo (obesidad infantil) y producir modificaciones que pasen de padres a hijos.

El impacto de los obesógenos en la salud mundial

Con el aumento de la industrialización a nivel global, la presencia creciente de obesógenos en el medio ambiente puede favorecer las extensión de la obesidad –y las patologías metabólicas relacionadas con ella– más allá de los países desarrollados, donde estas enfermedades ya causan un altísimo impacto en la salud de sus ciudadanos.

Sumar lo que sabemos sobre este factor de riesgo a la influencia de la contaminación en el desarrollo del cáncer, enfermedades respiratorias y patologías alérgicas, así como a los datos científicos sobre el calentamiento global, debe servir de acicate para perseguir un modo de vida más saludable y respetuoso con el medio ambiente.

Tengamos muy presente el grave impacto de la contaminación en la salud del planeta, en la nuestra propia y en la de las generaciones futuras.

The Conversation

Bruno Ramos Molina recibe fondos del Instituto de Salud Carlos III y de la Fundación Séneca

María Ángeles Núñez Sánchez es beneficiaria de una ayuda postdoctoral financiada por Roche en el programa «Stop Fuga de Cerebros» y de un proyecto financiado por la Fundación Séneca en el programa Jóvenes Líderes en Investigación (Ref. 22080/JLI/22).

Antonio J. Ruiz Alcaraz, Maria Suárez Cortés, María Antonia Martínez Sánchez, and Virginia Esperanza Fernández-Ruiz do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

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