Cuatro maneras de evitar conversaciones ‘incómodas’ en Nochebuena

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Cuatro maneras de evitar conversaciones 'incómodas' en Nochebuena

A finales de los noventa, Jorge Otero, voz y alma mater de los Stormy Monkeys, se dio cuenta de que el mundo de la música estaba viniéndose abajo. Y lo estaba haciendo en el peor momento posible: justo cuando estaban a punto de sacar su primer álbum.

Pero uno no se mete a sacar un disco si no tiene más moral que el Alcoyano.  Así que se pusieron la banda por montera y, tirando de licencias libres y marketing de guerrilla, se lanzaron a la carretera. No les fue muy bien, pero no les fue mal: hasta la fecha, son el primer y único grupo español en la historia del festival de Woodstock. No obstante, no nos interesan por eso.

Nos interesan por las cenas de Nochebuena y las comidas de Navidad.

¿Qué tienen que ver los Stormy Monkeys con la cena de Nochebuena? Una cosa interesante: que indagando en los límites del marketing digital, se dieron de bruces con las ‘cuadrillas’. Y el díptico que conforman Nochebuena y Navidad es, en España, el día nacional de las cuadrillas.

En aquella España de finales de los 90, Otero descubrió que «cuando alguien oye un disco o va a un concierto que le gusta y sorprende, no manda un mail contándoselo a sus colegas».  Lo que unía a los grupos «no era participar de una identidad, sino simplemente «ser» o «haber sido» en un tiempo y un espacio (instituto, universidad o empleo)».

Las ‘cuadrillas’ son grupos conformados por «afinidades biogeográficas» («haber coincidido parte del proceso educativo en el mismo centro, trabajar en la misma empresa» o en el mismo barrio/pueblo). Frente a la socialización de un Internet que impulsaba la aparición de redes que compartían una «identidad ideológica» común (de gustos, estética o valores), las cuadrillas resistían como piedra de toque de la sociedad.

En estos casi 30 años, las cosas han cambiado mucho. Pero las familias extendidas (las que casi solo se reúnen en estas fechas) siguen siendo el modelo casi canónico de cuadrilla: uno no elige con quién se sienta a la mesa. De hecho, no tiene ni que compartir los más básicos valores compartidos. Eso, en un clima positivo y enriquecedor, es un gran tesoro. En un clima menos bueno y algo empobrecedor, puede ser toda una tortura.

Así que, en un campo de minas lleno de preguntas sobre el trabajo, el amor, la salud y cien millones de cosas más… ¿qué recomiendan los expertos para hacer que este tipo de eventos sean más agradables?

Estar preparados. Ese es el primer consejo (y uno de los más útiles): lo primero y más fundamental es estar preparados para lo que pueda pasar. Normalmente, los temas que nos resultan problemáticos son siempre los mismos (y las personas que los traen a colación también). Por ello, Mala Matacin, codirectora del departamento de psicología de la Universidad de Hartford defendía en el New York Times que es buena idea ir con algunas respuesta ya pensadas.

No hace falta que sean grandes desarrollos filosóficos contenidos en tres o cuatro frases: basta con frases sencillas (quizá ingeniosas), diseñadas para pasar a lo siguiente de la forma más rápida posible. Este tipo de preparaciones no solo sirve para que no nos quedemos fuera de juego, sino que el hecho de usarlas convierte una situación tensa, en una que tenemos «bajo control».

Buscar aliados. La también psicóloga Joy Harden Bradford proponía otra idea: hablarlo con alguien que asista a la misma cena y pedirle ayuda. De esa forma, cuando surja el tema espinoso, el aliado puede interrumpir, cambiar de tema o incluso llamar la atención a la persona en cuestión.

Mantener la cabeza fría. Y no es fácil. Como recordaba Carly Dober, la presidenta de la Asociación Australiana de Psicólogos, «muchas veces la gente se siente obligada a mantener la paz y a pasar la Navidad en la casa de alguien en la que normalmente no pasaría tiempo si no estuvieran obligados. Y eso puede ser estresante». De hecho, es una fuente inagotable de problemas.

No obstante, ser consciente de los costos y los beneficios de iniciar una pelea siempre viene bien: es una forma relativamente sencilla de decir «hasta aquí». Pero también de evaluar si realmente eso que nos indigna es tan importante.

Tener controladas las expectativas. Parte del problema que se origina en las celebraciones de Navidad es que las expectativas están por las nubes. Como teóricamente es un momento de amor y familia, el hecho de que no sea así nos duele aún más.

Por ello, es buena idea no perder de vista qué es realmente la Navidad. Como decía el psicólogo Carlos Moratilla, «cuestiones estructurales al margen, estamos constantemente inventando tantas reglas para actuar, amar, comer o relacionarnos correctamente, que es difícil no terminar abrazando la insatisfacción permanente porque a ver quién es el que acierta con todo».

Si hay un buen día para tomarnos las cosas con calma y dejarnos llevar, ese día es hoy.

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Imagen | Nacho Facello


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Javier Jiménez

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