De la filantropía al micromecenazgo: los museos buscan fórmulas creativas para su financiación
Visitantes recorriendo el interior del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid. Mundofoto/Shutterstock

Las crisis financieras globales –que han obligado a recortes presupuestarios– y la pandemia –que redujo drásticamente el número de visitantes– han limitado los fondos de muchas entidades culturales. Y, aunque esté aumentando el número de visitantes a los museos, lo cierto es que las cifras no se acercan a las anteriores a la pandemia.

Los ingresos por la venta de entradas, la organización de eventos privados y las ganancias de las tiendas y de los espacios de restauración permiten a estas organizaciones avanzar en sus proyectos e iniciativas para proteger, conservar, promover y divulgar el patrimonio que custodian. Por ejemplo, el Museo del Prado tuvo unos ingresos propios en 2022 de unos 13 millones de euros entre patrocinios, donaciones, cesión de espacios y las concesiones comerciales. Por venta de entradas ingresó unos 16 millones.

Evolución comercial de los museos

Como parte del proceso de constante reinvención al que se someten las instituciones museísticas, sus tiendas han ido ganando relevancia paulatinamente. Si en 1998 ya se hablaba de la moda de las tiendas de museos, sigue creciendo la calidad y la variedad de sus productos: mayoritariamente, objetos y libros inspirados en las obras de arte expuestas en sus salas.

Otro de los modelos utilizados por los museos para recaudar dinero es el micromecenazgo.

Quizás el primer paso en este sentido haya sido la creación de los programas de “Amigos del Museo”, una especie de tarifa plana que permite, a través de un pago mínimo anual, visitar las instalaciones todas las veces que se quiera.

Otra estrategia es el crowdfunding, que canaliza la obtención de fondos a través de plataformas digitales. Es una fórmula que ha sido utilizada con éxito en diversas instituciones alrededor del mundo.

En 2013, el Louvre lanzó una campaña
para la restauración de la Victoria de Samocracia. De los cuatro millones de euros que costó este trabajo, un millón fue aportado por filántropos y casi siete mil micromecenas.

En 2018, El Prado organizó una campaña en la que logró recaudar más de 204 000 euros para adquirir la obra Retrato de niña con paloma, de Simon Vouet. Otro ejemplo de filantropía es el piso que la pinacoteca recibió en herencia en 2020 y que fue subastado por 3,2 millones de euros.

En octubre de 2023 el madrileño Museo Nacional Thyssen-Bornemisza organizó una campaña de crowdfunding para la restauración de El puente de Waterloo, de André Derain. Es la tercera que organiza desde 2018.

Los museos no siempre consiguen rápidamente los recursos que necesitan, quizás porque los montos que buscan son bastante cuantiosos, pero ayuda en su financiación.




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En Canadá, acaban de comenzar las obras para la nueva sede de la Vancouver Art Gallery, que se espera que pueda abrir sus puertas en 2028. De los 400 millones de dólares de presupuesto, se han recaudado casi 350 millones de dólares mediante donaciones. Cuarenta millones fueron donados en 2019 por la familia Chan, cuya fortuna comenzó el sector de la moda, y 100 millones, en 2021, por los Audain, también filántropos y constructores inmobiliarios.

La tecnología como herramienta para la financiación

La presencia del metaverso, la inteligencia artificial, las redes sociales, la realidad aumentada y la realidad virtual van creciendo a pasos agigantados y los museos, en su afán de atraer más a su público, han comenzado a acercarse a estas herramientas.

A este respecto, han sucedido algunos casos interesantes. En 2021, en plena fiebre los NFT, el museo del Hermitage, en San Petersburgo, subastó –a un precio inicial de 8 500 euros cada uno– los NFT de cinco obras maestras: Madonna Litta, atribuida a Leonardo da Vinci; Judit, de Giorgione; Lilas, de Van Gogh; Composición V, de Kandinski, y Esquina de jardín en Montgeron, de Claude Monet.

En 2022, la Galería Belvedere de Viena aprovechó el furor de los NFT (token no fungible) y puso en venta El Beso, de Gustav Klimt, a través de la división en digital de la obra en 10 000 piezas, a un precio de 1 800 euros cada una, con su respectivo certificado. Se vendieron todas en menos de 24 horas.

Las iniciativas de recaudación de fondos de los museos apenas comienzan a diversificarse, pero el panorama parece prometedor.

The Conversation

Julio Alexander González Liendo does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

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