El futuro del COVID: una treintena de expertos mundiales defienden mantener la vacunación y reforzar la OMS

Redacción

Establecer programas de vacunación sostenidos y sostenibles y reforzar el papel de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son dos de las principales recomendaciones del último informe de la comisión de “The Lancet”, que será presentado esta tarde después de dos años de trabajo. La revista científica, la de mayor impacto en medicina, reunió a 28 de los mayores expertos internacionales en áreas como la epidemiología, la vacunología, la política pública, la economía, la sostenibilidad y la salud mental. “Todos estamos de acuerdo en que la respuesta al coronavirus fue un fracaso, no hay ninguna duda”, señala a FARO el epidemiólogo Jeffrey V. Lazarus, del Instituto de Salud Global (ISGlobal) de Barcelona, miembro de la Comisión Lancet y uno de los autores del reporte.

A lo largo de 54 páginas, el informe de “La Comisión Lancet sobre las lecciones para el futuro de la pandemia de COVID-19” sintetiza la evidencia de los primeros dos años de la pandemia con nuevos análisis epidemiológicos y financieros, y propone 11 recomendaciones para “terminar con la actual pandemia de COVID-19, disminuir el impacto de futuras amenazas para la salud y lograr un desarrollo sostenible a largo plazo”.

Jeffrey V. Lazarus. | Rafa López

Entre las recomendaciones, Lazarus destaca lo que la comisión denomina la estrategia “vacunas plus”, la necesidad de fortalecer la OMS y la importancia de tener planes para abordar futuras emergencias de salud global. La estrategia “vacunas plus” combina vacunación masiva, disponibilidad y asequibilidad de los test, tratamientos para nuevas infecciones y COVID persistente (test y tratamiento), medidas sociales y de salud pública complementarias (incluido el uso de mascarillas en algunos contextos), promoción de lugares de trabajo seguros y medidas económicas y de apoyo social para el autoaislamiento de casos.

Origen del virus

Una de las recomendaciones más llamativas es la que urge a intensificar la investigación sobre el origen del SARS-CoV-2 “tanto un posible origen zoonótico como un posible origen asociado a la investigación”, cuando estudios recientes parecían haber descartado totalmente la hipótesis del laboratorio.

Tal vez se deba a que el texto se cerró hace meses. De hecho, se remite a las cifras de fallecidos del pasado 31 de mayo, cuando se estimaba una cifra de 17,2 millones, más del doble de los 6,9 millones reportados. “Este asombroso número de muertos es tanto una enorme tragedia como un fracaso global masivo en múltiples niveles –reprocha el informe–. Demasiados gobiernos no se han adherido a las normas básicas de racionalidad institucional y transparencia, demasiadas personas, a menudo influenciadas por la desinformación, han faltado al respeto y protestado contra las precauciones básicas de salud pública, y las principales potencias del mundo no han colaborado para controlar la pandemia”, añade.

Entre los “múltiples fracasos de cooperación internacional”, la comisión cita la falta de notificación oportuna del brote inicial de Wuhan; retrasos costosos en el reconocimiento de la vía crucial de transmisión aérea del coronavirus, y en la implementación de medidas apropiadas a nivel nacional y mundial para frenar su propagación; la falta de coordinación entre los países con respecto a las estrategias de supresión; la incapacidad de los gobiernos para adoptar las mejores prácticas de otros países; la falta de datos precisos sobre infecciones y muertes y la falta de lucha contra la desinformación sistemática. También apuntan a una “aplicación deficiente de los niveles apropiados de regulaciones de bioseguridad en el período previo a la pandemia, lo que aumenta la posibilidad de un brote inicial relacionado con un laboratorio”.

Los expertos de la comisión recomiendan que la OMS amplíe su Consejo Científico con “expertos de diversos campos” para “aplicar evidencia científica urgente para las prioridades de salud global”, un consejo que parece destinado a evitar errores como la tardanza de este organismo en aceptar la importancia de la transmisión aérea del SARS-CoV-2.

«El COVID persistente “tiene efectos físicos, mentales, sociales y económicos sustanciales”

“Hay muchas recomendaciones sobre la OMS”, resalta Lazarus. Incluyen un refuerzo presupuestario, más autoridad en materia de bioseguridad, la creación de un Fondo de Salud Global alineado con este organismo y la reafirmación del papel central de la OMS en cuestiones de salud global, sin que la eclipsen ni socaven otras instituciones.

Se anima también a los países a fortalecer los sistemas nacionales de salud sobre la base de la salud pública y la cobertura universal de salud, y sobre la base de los derechos humanos y la igualdad de género. Además, cada país debe determinar y ampliar los planes nacionales de preparación para pandemias para prevenir y responder a las enfermedades infecciosas emergentes.

Señalan los expertos de ‘The Lancet’, que consultaron con otros 100 especialistas de 11 grupos de trabajo, que el COVID persistente “tiene efectos físicos, mentales, sociales y económicos sustanciales”, “podría ser en sí misma una pandemia emergente”. Advierten que es probable que el COVID largo se vuelva endémico, por lo que muchas personas podrían tener necesidades de atención médica y social a largo plazo. Esto “podría sobrecargar los sistemas de los países y de los entornos escolares y laborales. Estas personas requerirán atención multidisciplinar y libre de estigmas, que no está disponible en muchos entornos”, apuntan.

COVID persistente

Jeffrey V. Lazarus, que trabaja en el Hospital de Barcelona, señala que el COVID persistente es una “nueva enfermedad” que investigan científicos como la gallega Sonia Villapol. “No se sabe exactamente cuántas personas la tienen, se estima que uno de cada 8 o de cada 6 infectados, y mantiene síntomas importantes después de 4 o 5 semanas después de dar negativo, como una fatiga demoledora y daños cardiológicos y pulmonares”.

El científico estadounidense señala que este informe de ‘The Lancet’ llega “en un buen momento, justo antes del comienzo del otoño”, para llamar la atención sobre la pandemia y “la importancia de tener la pauta completa, que ya no es de 2 dosis, sino de 3, y pronto será de 4”. “Me sorprendería mucho que no hubiese otra ola. La gente no se está vacunando, surgen subvariantes continuamente y cada día la protección es menor. Mi consejo, y creo que el de muchos expertos, es vacunarte con el refuerzo cuanto antes. La vacuna original sigue funcionando muy bien contra ómicron”, concluye Lazarus.

“El Gobierno tiene que pensar en el gasto en energía, pero también en el gasto sanitario por no ventilar”

El exhaustivo informe de la comisión de ‘The Lancet’ se detiene en la cuestión del contagio por aerosoles, que tanto tardó en reconocer la OMD. “Se está produciendo un cambio de paradigma en la forma en que vemos y abordamos la transmisión de enfermedades infecciosas respiratorias. La transmisión aérea, tanto en campos cercanos como lejanos, es una vía de exposición crucial, si no dominante, para el SARS-CoV-2 y otros virus respiratorios”, resalta el texto. Los expertos señalan que, aunque la transmisión puede darse por contacto con superficies o gotas grandes, estas vías no contribuyen al contagio masivo ni a eventos de supercontagio.

Reprochan a la OMS que, pese a haber recibido en julio de 2020 una carta de 283 científicos que reclamaban atención sobre la transmisión por aerosoles, la OMS no cambió su postura hasta el 30 de abril de 2021, debido a malas interpretaciones que proceden de más de un siglo atrás. “Como casi toda la transmisión ocurre en interiores, la forma en que diseñamos y operamos los sistemas de filtración y ventilación de edificios puede reducir la transmisión”, apuntan los expertos en relación a una cuestión que se aborda en varias partes del informe, el de la ventilación.

En este sentido, cabe recordar que el Gobierno de España no ha legislado para mejorar la ventilación de los espacios públicos, y que lo dictaminado por el Ministerio de Educación para las aulas, eliminando la ventilación continua para ahorrar energía, cancela lo estipulado contra el COVID. “El Gobierno tiene un problema: por un lado, hay que ahorrar energía, pero para protegernos contra el COVID hay que ventilar, abrir ventanas y puertas. Debe pensar en el gasto en energía, pero también en los gastos colectivos de salud si no ventilamos”, advierte Jeffrey V. Lazarus.

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