El teletrabajo, privilegio de una «élite metropolitana»: así es la desigualdad geográfica del trabajo remoto

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El teletrabajo, privilegio de una

El futuro del teletrabajo está en un momento delicado. En octubre, LinkedIn avisó de que el porcentaje de empleos en remoto podría haber alcanzado su máximo en Estados Unidos y Reino Unido. Además, en noviembre, Elon Musk, nuevo dueño de Twitter, anunció la eliminación del teletrabajo para los empleados de la red social, y Evan Spiegel, CEO de Snap, anunció que los trabajadores volverían a trabajar en la oficina al menos cuatro días por semana.

De forma paralela se siguen conociendo nuevos datos acerca del teletrabajo, como sus consecuencias económicas en algunas ciudades estadounidenses, denominadas efecto dónut, o las dificultades que tienen numerosos asalariados para poder teletrabajar, tal y como señala un informe publicado recientemente por London School of Economics and Political Sciences.

Más opciones de teletrabajar en una gran empresa. El estudio, titulado ‘¿Cuántos trabajos crees que se pueden hacer en casa? ¡No tantos como piensas!‘ y realizado en Italia, señala que el 70% de las grandes compañías con 250 trabajadores o más tenían, al menos, un empleado teletrabajando durante la cuarentena de 2020, mientras que sólo el 1% de las empresas con menos de 10 trabajadores aplicaron alguna fórmula de trabajo a distancia. Además, la distribución geográfica coincide con el nivel de desarrollo económico de cada región y, en general, el teletrabajo es más común en las grandes ciudades que en zonas menos desarrolladas.

Desigualdad geográfica en Italia. En otras palabras, se teletrabaja más en las ciudades italianas del norte, donde hay un desarrollo económico mayor, que en las del sur: más del 21% de los empleados en las regiones norteñas de Lazio y Lombardía teletrabajaron durante la cuarentena, mientras que en Calabria, Molise, Apulia y Sicilia, áreas situadas al sur, ese porcentaje llegó solo al 2% en el mismo periodo.

España, con un diagnóstico similar. Por otro lado, en nuestro país también se reproduce esta desigualdad geográfica, ya que, según el INE, las regiones con mayor porcentaje de teletrabajadores en 2022 fueron Comunidad de Madrid, Cataluña y País Vasco, a mucha distancia de otras regiones como Islas Baleares, Ceuta y Melilla.

Hay un desequilibrio territorial en Europa. Y hay más. Según Eurostat, mientras que entre 2019 y 2021 el teletrabajo aumentó un 8% en toda la UE, en el sur y este europeos, se hallaban 43 regiones con un porcentaje de teletrabajadores inferior al 5%. Existe, por lo tanto, un vínculo entre la posibilidad de teletrabajar y el nivel económico regional o el tipo de actividad.

La ciudad no lo es todo. Ese es precisamente el elemento que, según Riccardo Crescenzi, profesor de Economía Geográfica en la London School of Economics y uno de los autores del estudio, se debe de tener en cuenta a la hora de establecer políticas que fomenten el teletrabajo: “Antes de declarar que las oficinas y nuestras ciudades están muertas, los políticos deben tener cuidado a la hora de ver el mundo únicamente a través de los ojos de la élite metropolitana (…). No todos teletrabajan o pueden teletrabajar, incluso si quisieran hacerlo”, afirmó.

No hay tanto teletrabajo. En este sentido, el informe apunta a un desfase entre las cifras de teletrabajo reales que se produjeron en Italia durante los confinamientos de 2020 y las estimaciones de determinados estudios: concretamente, las investigaciones sobreestimaron en un 50% el número de empleos en remoto existentes en los primeros meses de la pandemia.

El apoyo público, clave. Para reducir esta diferencia entre quienes pueden teletrabajar y quienes no pueden hacerlo, el Dr. Davide Rigo, coautor del estudio, sugiere potenciar la transición digital, para lo cual es necesario que las políticas públicas se dirijan a eliminar las barreras que tienen las pequeñas y medianas empresas para implementar prácticas digitales. Por poner un ejemplo en España, el Ministerio de Industria ha anunciado un plan de ayuda económica para financiar a aquellas compañías que decidan establecer la semana laboral de cuatro días.

Imagen: Avi Richards / Unsplash


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Javier Fernández

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