En España ya hay dos millones de familias monoparentales, casi todas encabezadas por mujeres
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Una familia monoparental es aquella constituida por una persona adulta y su progenie a cargo. Algunos autores señalan que para hablar de familia monoparental se necesita identificar un hogar gestionado por una sola persona adulta sin el apoyo de una pareja de hecho, con la existencia de uno o más menores a cargo de la misma y una dinámica familiar entre la persona adulta y la menor derivada de su régimen de convivencia.

Existen diferentes “vías de entrada” a la monoparentalidad. Según el estado civil de la persona adulta nos encontramos con familias monoparentales derivadas de la maternidad en solitario (sea esta por causa sobrevenida o por elección propia); con personas divorciadas o separadas (legalmente o de hecho); con personas viudas o parejas de desaparecidos y con personas abandonadas que se han visto forzadas a asumir sus responsabilidades parentales en solitario.

También existe una vía de entrada jurídica a la monoparentalidad cuando una persona adulta decide adoptar y asumir la crianza en solitario de su hijo/a(s).

En ocasiones se habla de monoparentalidad “temporal” en aquellos casos en los que se producen situaciones sociales con largas ausencias por parte de uno de las personas progenitoras o tutoras –por emigración u hospitalización prolongada, por ejemplo–, dejando a la otra sola con la responsabilidad completa de sus hijos o hijas a cargo.

No hay una sola norma en España

No existe unanimidad para determinar hasta qué edad los y las hijas deben ser consideradas “a cargo” para que no se extinga la familia monoparental, ya que no existe una única norma estatal en España que uniformice esta tipología familiar.

Es común señalar que los y las hijas con discapacidad igual o mayor al 33 % no extinguen nunca la familia monoparental. El resto deben ser menores de 21 años o de 25 años si estudian, o de 26 años si viven en Aragón y Navarra.

En las comunidades autónomas donde hay una norma específica se coincide en señalar la obligatoriedad de que la progenie y la persona adulta convivan, que los y las hijas dependan económicamente de la persona adulta, que los y las hijas no se hayan casado y que la persona adulta no constituya una pareja estable.

Las familias monoparentales han existido siempre, pero no por voluntad propia, y muchas de ellas sufrían hace años una mayor sanción social.

Hoy en día, tras profundos cambios sociales, en especial en relación con el rol social de las mujeres en nuestra sociedad, muchas familias monoparentales se constituyen por elección propia tras un divorcio o una separación o por un embarazo (o adopción) elegido en solitario.

La última Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE, 2020) pone en relevancia la disminución del tamaño de los hogares y un aumento de los tipos. Hay que matizar que esta encuesta mide hogares (personas que residen en una misma vivienda), no “vínculos familiares” en el sentido extenso y diverso de la palabra.

Casi dos millones de familias

En lo que corresponde a los hogares monoparentales formados por una persona adulta y su progenie, se han identificado 1 944 800 de hogares en España, lo que supone el 10,4 % del total de los hogares.

El 81,4 % de estos hogares monoparentales están encabezados por mujeres.

El 40 % de estos hogares están compuestos por personas adultas separadas o divorciadas con sus hijos e hijas, seguidos en un 37 % por personas viudas con sus descendientes.

En tercer lugar (con un 14,7 % sobre el total de hogares monoparentales) tendríamos aquellos hogares encabezados por personas solteras, que son fundamentalmente mujeres con hijos/as.

Desde el año 2013, los hogares monoparentales han crecido de forma significativa, en un 13,9 %. Pero detrás de este dato global hay otro más relevante: son especialmente los hogares monoparentales de personas solteras los que crecen (en un 31,6 %), así como los hogares monoparentales compuestos por personas separadas y divorciadas (en más de un 28,6 %).

En cambio, los hogares compuestos por personas viudas y sus hijos/as han descendido de manera rotunda en estos últimos años.

En la actualidad estamos, por tanto, ante una transformación social en la que son unos tipos de hogares monoparentales los que crecen frente a otros.

De modo general, en este tipo de hogares una única persona adulta debe conciliar la vida laboral y familiar, cubrir las necesidades económicas, asumir la crianza y la educación y tomar todas las decisiones relevantes respecto de sus hijos/as.

Además, los hogares monoparentales encabezados por mujeres poseen mayores índices de precariedad laboral que comporta mayores niveles de pobreza.

¿Más beneficios y ayudas que las demás?

Todo ello explica que los hogares monoparentales tengan acceso a beneficios y ayudas. Entre otras, prestación por hijos/as a cargo, bonificación del 45 % de las cuotas de la seguridad social por la contratación de cuidadoras familiares (en el caso de familias numerosas monoparentales), deducciones en Hacienda, ayudas al alquiler de vivienda o posibilidad de reclamar al Fondo de garantía del pago de alimentos.

Se espera que la futura Ley de familias, cuyo Proyecto de Ley fue aprobado por el Congreso el 14 de abril de 2023, homogeneice en todo el territorio español la condición de familia monoparental y sus derechos.

La situación en Europa

En Europa, la existencia del divorcio y de modelos familiares más diversificados desde décadas antes que en España supuso también un mayor porcentaje de familias monoparentales.

Se estima que, en general, su número triplica el español, pero al igual que en España, su cómputo es complejo ya que, estadísticamente, en los diferentes países europeos solo se identifican hogares y no “familias” monoparentales. Además, existen diferencias entre países con respecto a cómo conceptualizarlas en relación con la edad de los hijos/as y con su dependencia económica.

En todo caso, en Europa se replican características comunes en este tipo de familias: un mayor número de monoparentalidad femenina y una mayor vulnerabilidad a la pobreza y a la exclusión social que otras familias.

Al igual que en España, la mayoría de estos países piden una ley que las identifique como tales y la trasposición en todos ellos de la Directiva 2019/1158 del Parlamento Europeo y del Consejo de 20 de Junio de 2019 relativa a la conciliación de la vida familiar y la vida profesional de los progenitores y los cuidadores. Las políticas sociales de los países europeos deben afrontar las dificultades, en especial económicas, de la monoparentalidad.

The Conversation

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