¿Es posible tratar el estreñimiento modulando la microbiota?

La microbiota intestinal desempeña un papel clave en la salud y en la enfermedad, por lo que promover y mantener su diversidad y equilibrio debe convertirse, más allá de casos individuales, en un nuevo objetivo terapéutico. Además, modular nuestra microbiota es posible a través del estilo de vida, lo que abre un mundo de posibilidades para el autocuidado. Concretamente, hay evidencia científica de resultados clínicos en el abordaje del estreñimiento.

Lejos de ser un simple patrón defecatorio, para muchas personas, el estreñimiento trasciende lo meramente físico, pudiendo interferir de forma significativa con la vida diaria y el bienestar. Además de provocar incomodidad, hinchazón abdominal, gases o cefalea, altera el estado de ánimo y produce irritabilidad, de forma que hasta un 69 % de las personas que lo experimentan consideran que afecta a su rendimiento laboral o escolar, así como a sus relaciones sociales.

Haremos referencia en este artículo al estreñimiento crónico funcional, también llamado idiopático, para el que no se identifica una causa –como una enfermedad o el consumo de algún medicamento– y en el que deben concurrir al menos dos de los siguientes criterios clínicos:

  • Menos de tres deposiciones espontáneas a la semana.

  • Heces duras.

  • Esfuerzo defecatorio.

  • Sensación de evacuación incompleta.

Las mujeres y las personas mayores, los más afectados

Se trata de un problema mayor de lo que pueda parecer, que afecta a un 16 % de la población mundial. En España, por ejemplo, la prevalencia del estreñimiento está entre el 15 % y el 20 %, siendo más alta en mujeres que en hombres. Aumenta a partir de los 60 años –hasta un 30-40 %–, y lo hace especialmente entre personas mayores institucionalizadas, es decir, que viven en residencias.

En un contexto de aumento de la esperanza de vida, este hecho hace prever un incremento de su incidencia en los próximos años, con gran impacto en la calidad de vida relacionada con la salud y la carga socioeconómica derivada.

Gran impacto en la vida cotidiana

Actualmente, el estreñimiento supone un 2,5 % de las consultas en atención primaria y el 21 % de las consultas especializadas de aparato digestivo, según datos de la Sociedad Española de Patología Digestiva.

Su impacto negativo en la calidad de vida es comparable al de otras enfermedades crónicas como la dermatitis, las alergias crónicas, la depresión, la diabetes o enfermedades musculoesqueléticas como la artritis o la osteoporosis y se considera que sus efectos sobre la salud mental son incluso más graves que sus consecuencias físicas.

Sin embargo, y a pesar de su gran impacto en la vida cotidiana, sólo una pequeña proporción de pacientes busca atención sanitaria. Con frecuencia, los afectados recurren a medicamentos de venta libre y experimentan, a largo plazo, una reducción de la calidad de vida relacionada con la salud.

Habitualmente, los consejos de tratamiento no farmacológico se basan en el ejercicio, la hidratación y el aumento en la ingesta de fibra dietética. Sin embargo, el cumplimiento de estas recomendaciones es bajo, e incluso cuando se llevan a cabo, no siempre se consiguen resultados. Esto deriva en un elevado gasto sanitario en laxantes y/o enemas, exploraciones complementarias como radiografías abdominales o colonoscopias, el ingreso de pacientes en centros hospitalarios (especialmente en personas de edad avanzada) y el tratamiento de las complicaciones asociadas.

Nuevo enfoque: el papel de la microbiota intestinal

El estreñimiento implica una ralentización del tránsito intestinal de forma que la expulsión de residuos ineficientes tras la ingesta de alimentos puede prolongarse una media de 72 horas. Esos restos de alimentos permanecen más tiempo en el intestino, lo que favorece la activación de mecanismos inflamatorios que a largo plazo, pueden incluso generar mutaciones celulares.

La recomendación clásica de aumentar el consumo de fibra dietética –junto a una hidratación y actividad física adecuadas– se basa en su capacidad para afectar directamente a la motilidad gastrointestinal y, por lo tanto, acelerar el tránsito intestinal.

El conocimiento científico disponible invita a integrar en este enfoque clásico la modulación de la microbiota. Aunque no se ha identificado una causa fisiopatológica del estreñimiento crónico idiopático o funcional, sí se conoce la existencia de un desequilibrio de la microbiota intestinal (disbiosis) en las personas que lo presentan.

Esta disbiosis se caracteriza por una disminución de las bacterias Bifidobacterium y Lactobacillus, promotoras de la motilidad, y un aumento de microorganismos con potencial inflamatorio como el Clostridium, lo que contribuye a los síntomas de estreñimiento.

Colonia de la bacteria ‘Clostridium’. Se ha comprobado que las personas afectadas por estreñimiento crónico tienen esta bacteria en cantidades más elevadas.
Francisco Bengoa / Flickr, CC BY

La modulación de la microbiota (para restaurar la armonía microbiana) a través de bióticos ha mostrado ser eficaz en el tratamiento del estreñimiento crónico, mejorando tanto la frecuencia de defecación como la consistencia de las heces y presentando pocos efectos secundarios, lo que la convierte en una alternativa terapéutica interesante.

Bióticos para el abordaje del estreñimiento

La modulación de la microbiota orientada a mejorar el estreñimiento puede lograrse mediante:

  • Prebióticos. Compuestos no digeribles que avanzan por el tubo digestivo sin ser modificados y sirven de alimento a los microorganismos de la microbiota. Se trata de carbohidratos no digeribles, como los oligosacáridos y la inulina, que favorecen el aumento de las Bifidobacterias y Lactobacilos.

  • Probióticos. Administrados en la cantidad adecuada, estos microorganismos vivos producen un efecto beneficioso en la salud de quien los recibe. Lactobacilos y Bifidobacterias han mostrado grandes resultados en el tratamiento del estreñimiento.

  • Simbióticos. Son una combinación de ingredientes prebióticos y una o más especies de probióticos en un mismo producto.

Según diversos estudios, los efectos de determinadas cepas probióticas permanecen incluso tras interrumpir su administración. Esto convierte el nuevo enfoque microbiano en una estrategia terapéutica con enorme potencial, pues posibilita intervenciones seguras, sostenibles y de fácil cumplimiento.




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The Conversation

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