He revisado ‘Willow’ antes de su secuela en Disney+. Me ha encantado por algo inesperado: su fantasía macabra

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He revisado 'Willow' antes de su secuela en Disney+. Me ha encantado por algo inesperado: su fantasía macabra

Lo que es el paso del tiempo: no veía ‘Willow’ desde su estreno en cines (sí, estoy ya cerca de la jubilación) en 1988, y he decidido revisarla de cara al estreno de la secuela en formato serie que estrena Disney+. Me he encontrado, para mi sorpresa, con algo muy distinto de la fantasía familiar y luminosa que recordaba. ‘Willow’, la película, ha resultado ser una fantasía oscura y macabra, nada violenta pero de considerable atrevimiento visual.

Quizás lo que menos me ha interesado esta vez ha sido su poco disimulada inspiración en ‘El Señor de los Anillos‘. Está claro que George Lucas, productor y coguionista de la película, concibió un batiburrillo de todo tipo de elementos, desde el folclore popular a las historias de espada y brujería tipo Conan que por entonces arrasaban en las pantallas, pasando por su propia ‘Star Wars’ (casi todos los personajes de las primeras entregas de la saga galáctica tienen aquí un equivalente fantástico).

Pero Tolkien es el que resulta más manoseado: son obvias las similitudes superficiales entre las historias de seres de tamaño reducido embarcados en una misión más grande de lo que pueden manejar (unos paseando anillos, otros protegiendo un bebé), con grandes dosis de magia y criaturas colosales (y villanos que son el mal puro) más la participación de noblotes guerreros humanos. ‘Willow’ carece de la épica y la escala de ‘El Señor de los Anillos’ (tampoco lo pretende, ojo), pero hay notas comunes en su desarrollo más bien indiscutibles.

Esto le da a ‘Willow’ cierta condición de producto de explotación que no es para nada un problema, más bien todo lo contrario, porque todas sus virtudes derivan de esa condición. La película está más cerca en espíritu (aunque con un presupuesto mucho más holgado, por supuesto) de películas como ‘Cromwell, el rey de los bárbaros’ (del recientemente fallecido y genial Albert Pyun), ‘Los bárbaros’, ‘Deathstalker’ o ‘Tygra: Hielo y fuego’ (todas ellas preferibles a las adaptaciones de ‘El Señor de los Anillos’, si queréis saber mi opinión) que de una película de fantasía pulcra y limpia.

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Pero es ese espíritu de explotación de serie B lo que hace que la película se pueda permitir ciertos excesos que le han permitido envejecer mucho mejor que, digamos, las películas de los Ewoks y otras piezas de fantasía más bien infantiloide de la época. Canalizando esa fiebre de los ochenta de disfrazar de películas familiares lo que en realidad eran macabras fantasías con considerables dosis de oscuridad (como ‘Cristal Oscuro‘ o ‘Dentro del Laberinto‘, producida por la propia LucasArts), ‘Willow’ está llena de violencias, monstruos horrendos y muertes por doquier.

Nada más arrancar la película ya tenemos, aparte de algún entorno inusualmente lúgubre, unas cuantas muertes de personajes que apuntaban a convertirse en coprotagonistas. Esta película no se anda por las ramas: con una trama que es puro infanticidio destilado, veremos una cantidad de peleas y muertes horribles poco habituales en una película familiar (todo en off y sin gore, claro, pero ah´í están).

Y eso no es todo: la película muestra con una complacencia fuera de lo común transformaciones, mutantes y monstruos horribles, llenos de pústulas y muñones, y absolutamnte repulsivos. Los grandes finalistas en este terreno son los trolls (y la transformación de uno de ellos en un amasijo orgánico similar a un cerebro agónico y gigante), pero el indiscutible triunfador en esta galería de mostrencos que parecen salidos del album de cromos de ‘Monstruos’ es el Eborsisk, un engendro colosal de dos cabezas que se complace en despedazar a los enemigos a dentelladas.

La sensación al acabar de ver ‘Willow’ no es el de haber asistido a una reconfortante y luminosa aventura. Por supuesto que vencen los buenos y todo acaba bien, pero el camino hasta llegar a ese punto, en la mejor tradición de ‘El mago de Oz’ (de la que también picotea Lucas sin vergüenza -de hecho, la película se iba a titular originariamente ‘Munchkins’-), está lleno de penurias, muerte y pesadillas. Vamos, pura aventura de los años ochenta. De la que ya no se hace. Sí, ya, ya me jubilo.


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John Tones

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