He visto «la peor película de superhéroes de la historia», y esto es lo que creo que Marvel podría aprender de ella

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La historia de ‘Fantastic Four’, la película producida por el semidiós de los bajos presupuestos Roger Corman y no-estrenada en 1994 es sobradamente conocida. No nos vamos a detener demasiado en los vericuetos de su producción, porque aquí, siempre positivos y nunca negativos, no nos interesa tanto corroborar si es o no tan mala como se dice sino entender en qué circunstancias se produjo y, sobre todo, si podemos aprender algo de ella.

Básicamente, ‘Fantastic Four’, la película basada en el legendario y fundacional cómic Marvel creado por Stan Lee y Jack Kirby en 1961, fue una película concebida para no ser estrenada. Pero lo que la hace especial es que casi ninguna persona implicada en su producción sabía que esta era la intención. En su día se promocionó en prensa especializada, los actores dieron charlas en eventos para fans e incluso llegó a verse en algún cine por imperativos legales. Pero la película nunca vio la luz del día, y de hecho, que hoy pueda encontrarse sin problemas en plataformas como Youtube se debe a una filtración. Claramente, la película no debía ser mostrada.

Los detalles se encuentran excelentemente reflejados en el magnífico documental ‘Doomed: The Untold Story of Roger Corman’s the Fantastic Four’, un largometraje que no solo es testigo de los tejemanejes que germinan en la trastienda de Hollywood (hasta de sus callejones más modestos), sino un homenaje al entusiasmo y la dedicación de quienes creían que estaban haciendo una señora película de superhéroes, en un tiempo en el que Marvel solo había sido adaptada en ‘Howard el pato’ y el cine de superhéroes, pese a éxitos como ‘Superman’ o ‘Batman’, aún no había desarrollado una gramática propia.

Básicamente todo se debió a una trama orquestada por el productor Bern Eichinger, que adquirió los derechos de los personajes a Marvel en 1986. Aunque grandes productoras como Warner o Columbia demostraron interés en la película, la adaptación no llegó a cuajar, y los derechos expirarían con el año 1992. Marvel no quería hacer una extensión de los derechos, así que el único modo legal de prolongarlos era rodando una película: en septiembre de 1992, tres meses antes de que los personajes volvieran a Marvel, Eichinger llegó a un trato con Roger Corman para producir una película de un millón de dólares de presupuesto.

La película comenzó a rodarse casi llegando a la línea de meta, el 28 de diciembre de 1992, así que los derechos quedaron salvaguardados. Cabe decir que el resultado, adorable e inocentón, salió adelante gracias a la voluntariedad de los implicados, que trabajaron mucho más allá de lo que exigían sus contratos. Por ejemplo, los compositores David y Eric Wurst, pagaron de su bolsillo seis mil dólares para contratar a una orquesta de 48 músicos y grabar la banda sonora.

Solo hay que ver la película para entender que la intención era no estrenarla. Y aún así, parte del equipo pagó de su bolsillo una campaña publicitaria para un hipotético estreno en enero de 1994. Súbitamente, el proceso se detuvo y el equipo recibió una orden judicial para que dejaran de hablar de ella, y fueron unas controvertidas declaraciones de Stan Lee de 2005 las que hacen pensar que ese era el plan desde el principio, quizás con el consentimiento de Corman.

El último clavo del ataúd lo puso nada menos que Avi Arad, futuro jefazo de Marvel Studios, y por entonces ejecutivo de la casa. En 1993 se enteró de la existencia de la película por un fan, y decidió que no quería que una película de bajo presupuesto ensuciara la marca, que ya llevaba un tiempo queriendo dar el salto al cine. Se dice que, sin legar a verla, Arad ordenó la destrucción de todas las copias, y en ‘Doomed’ se sugiere que era para darle a Chris Columbus un proyecto a medida y de gran presupuesto, un proyecto que se acabaría convertido, una década después, en los ‘Cuatro Fantásticos’ de Fox.

Pero… ¿qué podemos aprender de ella?

La cuestión es que ‘Fantastic Four’, por entrañable que sea y por bien que nos caiga debido a lo condenada que estuvo desde su concepción, es una película abiertamente defectuosa. Pero eso no impide que tenga una serie de claros valores a bordo de los que producciones más ambiciosas podrían aprender. Estas son las lecciones que, pese a sus muchos problemones, nos deja la ‘Fantastic Four’ de 1994.

Fidelidad ante todo

Aunque en esta santa casa no ponemos la fidelidad por delante de cualquier otra consideración y nos gusta tanto reconocer a los héroes como que se nos sorprenda con ediciones actualizadas y rompedoras de los mitos, a veces es reconfortante encontrarse con un camino familiar. Los personajes de la película de Los Cuatro Fantásticos son, inequívocamente, Los Cuatro Fantásticos (la verdad es que estos personajes han tenido suerte en ese sentido con todas las películas, entre otras cosas porque hay que tener mucho cuajo para traicionar superpoderes tan icónicos y específicos), pero aquí se lleva al extremo.

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No solo el origen de los personajes es idéntico al de los cómics, sino que los trajes no tienen versiones «realistas» o con el colorido amortiguado (más allá de las exigencias de producción). Las relaciones entre personajes son las mismas, todo está calcado del cómic, lo que da cierto tono camp e ingenuo al conjunto, porque la película no es consciente de que lo que funciona en un cómic no necesariamente funciona traducido. Pero el conjunto es adorable en su devoción a la fuente.

Un villano sin complejos

Dr. Doom es uno de esos personajes que venían heredados de los comics de superhéroes de los años cuarenta, que a su vez bebían de las historias de aventuras y suspense de las novelas pulp del primer cuarto de siglo. Es decir, un megalómano enmascarado y poderoso, con el rostro tan deforme como sus intenciones. Hoy pasadísimo de moda y muy poco creíble, pero es el villano por excelencia de los Cuatro Fantásticos. Y así lo asume la película.

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Encontrarse a un villano de la vieja escuela en una película actual es prácticamente imposible, pero habría que recuperarlos. ¿Poco creíble? ¿Grandilocuente? ¿Excesivo? Desde luego, pero también lo son los cuatro poderes y las cuatro personalidades de una familia completamente difuncional con poderes heredados de los rayos cósmicos. Desde ese punto de vista, es el villano que merecen, y Joseph Culp como némesis de opereta lo interpreta de forma perfecta.

Humor no irónico

El punto más peliagudo. ‘Fantastic Four’ es una película para toda la familia, clara y abiertamente, heredera de la tradición de ‘Superman’ y ‘Batman’, y antes de que ‘Blade’ diera un volantazo en una dirección bien distinta. Es decir, va bien servida de humor tontorrón, de chistes de brazos de Mr. Fantástico que se estiran muchísimo y de que La Cosa es muy fea. Pero todo dentro de la misma dinámica de la película, no como chistes «desde fuera» riéndonos de lo ridícula que es la gente disfrazada.

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Se trata de un humor que cuando nos encontramos en productos actuales de superhéroes, como ‘Shazam!’ o ‘She-Hulk‘, los fans no siempre reciben bien. Pero es imprescindible para ventilar el género y que tengamos claro que, al final, estamos ante películas de gente que se disfraza para ayudar al prójimo y ante fantasías de poder bienintencionadas. Por supuesto, no siempre tienen que ser así, pero es una parte de las ficciones superheroicas que convendría no perder del todo.

Películas hechas por creadores, no por ejecutivos

Una etapa de las películas de superhéroes a la que no volveremos, al menos no mientras tengan el éxito actual y haya demasiados CEOs cuyo trabajo depende de ellas. En ‘Doomed’ se detecta que ‘Fantastic Four’ podía ser un churro, pero era un churro hecho desde la devoción y el amor a los personajes, no una ecuación en un plan a quince años vista.

Porque ‘Fantastic Four’ podrá ser un desastre, pero había detrás gente enamorada de los personajes y deseando hacer el mejor producto posible con una cantidad de dinero ínfima. Ahora las películas de superhéroes son más espectaculares, más emocionantes, más grandes, pero a veces hay otras cosas que importan. Como el corazón.


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He visto «la peor película de superhéroes de la historia», y esto es lo que creo que Marvel podría aprender de ella

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John Tones

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