Hemos descubierto la fortificación más antigua del mundo en Siberia. Y nos obliga a revisar la historia de la sociedad

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Hemos descubierto la fortificación más antigua del mundo en Siberia. Y nos obliga a revisar la historia de la sociedad

En la remota Siberia, en un recodo del río Amnya, a varios días de viaje de la ciudad más cercana, se extiende un bosque empeñado en reescribir la historia de la humanidad. Durante un estudio en aquella región en 2019 un grupo de científicos rusos y alemanes documentó antiguas construcciones defensivas, incluida una red de fosos, bancos y empalizadas levantadas en torno a un grupo de viviendas. Para conocer mejor el yacimiento tomaron además muestras de madera y carbón de las capas que consideraron más antiguas, las llevaron al laboratorio y las sometieron a la datación por radiocarbono. Ahora al fin tenemos los resultado del análisis.

Y son tan fascinantes que amenazan con reescribir la historia.

La razón: aquellos antiguos vestigios nos hablan de la antiquísima construcción del margen del río Amnya, pero sobre todo nos hablan de nuestra propia historia.

Una construcción de 8.000 años. Los materiales recogidos en la taiga siberiana por Henny Piezonka, de la Freie Universität Berlin, y el resto de sus colegas llamaron la atención del equipo por dos grandes razones. Primero, por cómo estaban dispuestos, formando bandas de materiales negros que destacaban en la arena blanca «como si estuvieran dibujados con una regla», explica Piezonka a la revista Science. La segunda sorpresa, la realmente mayúscula, llegó sin embargo más tarde, cuando obtuvieron los resultados de la datación por radiocarbono: los análisis mostraron que los primeros muros y viviendas del yacimiento se habían levantado hacia el 6000 a.C., con lo que tenían cerca de 8.000 años.

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Vista aérea del río Amnya y el promontorio; abajo: plano general de Amnya I y II, que muestra la ubicación de las zanjas de excavación y los elementos visibles.

Rompiendo los esquemas. Ese dato es más importante de lo que pueda parecer. Como recuerda la Universidad Christian Albrechts de Kiel, institución  que ha participado en el estudio, lo convierte en «el asentamiento fortificado más antiguo del mundo» conocido al menos hasta la fecha. La investigación acaba de publicarse de hecho en la revista Antiquity con un título más que elocuente: ‘El fuerte promontorio más antiguo del mundo: Amnya y la aceleración de la diversidad de cazadores-recolectores en Siberia hace 8.000 años’.

A lo largo de sus páginas los científicos inciden en que el de la taiga de Siberia Occidental es, como mínimo, «uno de los asentamientos fortificados más antiguos del mundo» y que incluso es posible documentar actividad en el yacimiento hacia el 6000 a.C. No solo eso. Los científicos han comprobado que el asentamiento de viviendas adyacente de Amnya II es contemporáneo, lo que les lleva a pensar en «una compleja estructura jerárquica». Contando a Amnya, los especialistas han identificado una decena de fuertes similares de la Edad de Piedra en la región.

La Freire Universität Berlin precisa que la investigación se centró en Amnya, considerado el fuerte de la Edad de Piedra más septentrional de Eurasia, y donde el equipo de Henny Piezonka desarrolló los trabajos de campo en 2019. «A través de exámenes arqueológicos detallados en Amnya, recogimos muestras para la datación por radiocarbono, confirmando la edad prehistórica del yacimiento y estableciéndolo como el más antiguo conocido», abunda la experta germana.

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Amnya I, estructuras en el relieve superficial (ubicaciones resaltadas). Arriba: depresión de una de las viviendas. Abajo: línea de defensa exterior con banco y foso III.

Nuevo dato, nuevo enfoque. El hallazgo no es interesante solo por la antiguedad de las construcciones de Amnya o si son las primeras. Si ha despertado interés es más por lo que nos dice sobre nuestros ancestros que del yacimiento en sí. El motivo: el asentamiento fortificado siberiano fue construido por cazadores y recolectores, lo que nos indica que este tipo de sociedades ya levantaba defensas complejas alrededor de sus asentamientos hace cerca de 8.000 años y que —a diferencia de lo que creen algunos expertos— no nacieron con la agricultura.

El matiz es más importante de lo que pueda parecer, ya que habitualmente se ha pensado que hacían falta cosechas predecibles y que aportasen excedentes para sustentar a grandes poblaciones sedentarias y grandes construcciones.

«Cambia nuestra comprensión de las sociedades». La frase es de Piwezonka, quien subraya el alcance del hallazgo: «Cambia nuestra comprensión de las sociedades humanas primitivas y cuestiona la idea de que la gente comenzó a crear asentamientos permanentes con arquitectura monumental y a desarrollar estructuras sociales complejas con la llegada de la agricultura», concluye Piezonka.

Durante la investigación el equipo recabó datos que muestran que los habitantes de Siberia occidental llevaban «un estilo de vida muy desarrollado» apoyándose en los recursos de la taiga, donde cazaban alces y renos valiéndose de lanzas de hueso y piedras, y pescaban en las aguas del Amnya. Para conservar sus aceites de pescado y carne sus habitantes incluso fabricaban sus propias cerámicas.

Reescribiendo la historia. Esa es la gran lectura que deja la investigación desarrollada por Piezonka y sus colegas en Siberia: fuertes como los de Amnya, los más antiguos del mundo, echan por tierra la idea de que fue la agricultura la que condujo a sociedades complejas. Allí, en la taiga, sus habitantes disfrutaban de una riqueza de recursos naturales y alcanzaron tal nivel de complejidad que acabaron dotándose de arquitectura defensiva: muros de tierra de varios metros rematados  por empalizadas de madera que, al menos en un caso, se adelantaron en alrededor de 2.000 años a los levantados en Uruk y Babilonia, en el Medio Oriente.

Fortalezas… y algo más. Además de ese tipo de estructuras y vasijas de cerámica para conservar aceite, los investigadores detectaron una pista que les lleva a pensar incluso en que la sociedad de Amnya estaba estratificada, otro de los fenómenos que se suele asociarse a la agricultura. Como recoge Science, apreciaron un grupo de casas que se encontraba fuera de la empalizada, indefensas, lo que les lleva a pensar en algún tipo de diferencia entre la gente que habitaba en el poblado.

«Para mucha gente, esto aún no forma parte de lo que son los cazadores-recolectores… En arqueología hay quien cree que la complejidad se desarrolla con el tiempo», explica el experto de la Universidad de Oxford Rick Schulting: «Este estudio muestra que puede haber varias alternativas hacia la complejidad».

«Los hallazgos siberianos, junto con otros ejemplos como Göbekli Tepe en Anatolia, contribuyen a un reajuste de las ideas evolutivas anteriores que sugieren un desarrollo gradual de sociedades simples a sociedades más complejas —zanja Piezonka—. Desde la península de Corea a Escandinavia, las comunidades de cazadores-recolectores crearon asentamientos grandes, permanentes y a veces fortificados que utilizaban principalmente fuentes de alimento acuáticas»

Imágenes: Nikita Golovanov (Christian-Albrechts-Universität), N. Golovanov, S. Krubeck y S. Juncker (extraído del artículo de Henry Piezonka et al. en ‘Antiquity’) y E. Dubovtseva

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por
Carlos Prego

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