Junts debatirá este jueves si rompe el Govern tras la destitución de Puigneró

Redacción

Casi nadie en Junts per Catalunya decían querer salir del Govern y, en esta ocasión, las distintas familias del partido estaban compactadas y decididas a aguantar el pulso al president Pere Aragonès. «No vamos de farol», insistían fuentes de la formación, así que, pese a que admitían las consecuencias de una posible ruptura del Consell Executiu serán imprevisibles dentro y fuera del partido, aguantaban su posición. Pero todo puede haber saltado por los aires tras la decisión de Aragonès de destituir al hombre fuerte de JxCat en el Govern, el vicepresidente Jordi Puigneró. La ejecutiva del partido se reúne a las 8.00 horas de este jueves, vía telemática, para abordar la respuesta, es decir, si acata el cese y propone un nuevo vicepresidente o rompe la coalición con ERC.

A lo largo de este miércoles decisivo para Junts y Esquerra, el espíritu de unidad posconvergente ha ido por delante de las disensiones. Es cierto que existe autocrítica respecto a la viabilidad de haber puesto sobre la mesa la amenaza de una cuestión de confianza a Aragonès, un bombazo que no era conocido por toda la dirección ejecutiva, sino solo por el núcleo duro de la formación, entre ellos Puigneró, pero no todos los titulares de la pata posconvergente del Govern. Y en eso hurgó el president en la reunión extraordinaria: preguntó uno por uno su parecer. Según Junts, todos exhibieron cohesión y un relato compartido, algo que niegan fuentes de Palau.

Y es que puede haber autocrítica y estupor en las filas, pero es mayor el malestar que existe respecto a Aragonès y ERC, a los que siguen acusando de no cumplir con el pacto de Govern y de actuar con soberbia, sin atender a la realidad que separa ambos partidos: un solo escaño en el Parlament.

Los más moderados subrayan que esta vez no es Laura Borràs la que está forzando las costuras, sino que es el secretario general, Jordi Turull, quien pilota la estrategia y mantiene que el ‘president’ debe cumplir con las tres exigencias conocidas: compartir el mando estratégico del ‘procés’, unidad en Madrid y reformulación de la mesa de diálogo para abordar la autodeterminación y la amnistía. A la vez, los que nunca creyeron en la idea de apoyar al actual jefe del Govern se sienten reforzados en su idea de abandonar la nave.

Una situación amarga

Con todo, la situación es amarga internamente para muchos, que asumen que, fuera del Govern, Junts va a vivir una situación más que complicada, con efectos colaterales de todo tipo: cara a las elecciones municipales -Xavier Trias había exigido paz en el Palau de la Generalitat como una de las cuatro condiciones para presentarse como alcaldable de Barcelona-, cara a la convivencia entre familias internas, y también respecto a la construcción económica de un partido sólido y de gobierno. Estar fuera del Executiu es algo que, los que no proceden de CDC, viven con total normalidad, mientras que la posconvergencia considera que es un escenario no deseado.

Las consecuencias internas en Junts son bien conocidas por todos, otra posible fractura, pero existe también un mensaje interno de gran dureza contra ERC. Advierten a los republicanos de que no han sido conscientes de que disponían sólo de un diputado más que ellos y de que si hay un divorcio, Aragonès tendrá a la posconvergencia como adversario.

«La oposición que ha hecho Salvador Illa no será nada en comparación con la que haremos», avisan, y aseguran que no habrá apoyo a los presupuestos ni a políticas socioeconómicas de izquierdas propias de ERC o cercanas a la CUP. Un escenario en el que creen que Aragonès será el presidente más efímero de los últimos años y hará que Esquerra tras 80 años haya recuperado la presidencia de la Generalitat de forma muy puntual. La consecuencia de todo ello, pronostican, serán unas elecciones anticipadas.

  • Categoría de la entrada:Deportes