La clase invertida tiene futuro tras la pandemia: invirtamos en formación docente
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Shutterstock / Vadym Pastukh

En un periodo corto de tiempo, la búsqueda y el uso de recursos tecnológicos y digitales se han convertido en imprescindibles para los centros de Educación Superior. Ha sido necesario mantener la atención a sus alumnos, y adaptar los enfoques metodológicos. La mayoría de las universidades pasaron de clases presenciales a la modalidad virtual o, en algunas ocasiones, a modalidades de enseñanza que hasta ahora era minoritarias, como la enseñanza híbrida, utilizando para ambas plataformas virtuales como Zoom o Meet. En el contexto latinoamericano incluso se utilizaron medios como WhatsApp o llamadas telefónicas.

Esto nos hace ver cómo el acceso a la tecnología ha ejercido de barrera a la hora de tener más o menos éxito en la adaptación de la docencia. En la Universidad Nebrija, por ejemplo, en el curso 2020–2021 se duplicó el uso del campus virtual y se llevaron a cabo casi 138 000 sesiones de videoconferencia, un incremento histórico del uso del ecosistema digital educativo.

Sin embargo, no se trata exclusivamente de tener la tecnología, sino de saber utilizarla. En este sentido, son muchos los docentes universitarios que no contaban con el nivel de competencia necesario y han debido formarse en este ámbito de manera autodidacta, a través de recursos propios o con planes de formación impulsados por las propias universidades.

Esta formación va mucho más allá del manejo instrumental de la tecnología. Requiere pensar en los métodos y las estrategias de enseñanza más adecuados para estos “nuevos” espacios híbridos.

La irrupción de las metodologías ‘activas’

El aprendizaje en estos entornos debe potenciarse con metodologías activas. Son las metodologías que aprovechan al máximo las estrategias que se desarrollan tanto de forma presencial, en espacios físicos, como virtual, a través de las plataformas digitales. Invertir el aula, aplicar el flipped classroom, puede ser una estrategia adecuada e idónea para la docencia híbrida.

Incorporar a la instrucción tradicional formas de enseñanza multimedia basadas en recursos TIC nos permite desarrollar trabajos prácticos de manera síncrona con el profesor, presenciales o no, dejando los contenidos teóricos al trabajo autónomo de los alumnos.

Dos maneras de invertir

El modelo híbrido permite su uso de dos maneras diferentes. Bien a través de un modelo disruptivo, manejando una plataforma de educación a distancia, en cuyo caso las clases se ofrecen en formato de píldoras educativas grabadas de escasos minutos, y con encuentros muy escasos y puntuales. O bien siguiendo un modelo semipresencial, que es el más utilizado en los centros de Educación Superior.

Este modelo semipresencial híbrido mantiene las características de las clases magistrales, pero usando tecnología que permite realizar las actividades de manera virtual y aportando mayor grado de interactividad. Dentro de este modelo semipresencial, encontramos la modalidad de la clase invertida, cuyas ventajas y potencialidad frente a las clases puramente presenciales u online son significativas.

Más flexibilidad y versatilidad

En primer lugar, el entorno virtual ofrece más autonomía y flexibilidad al estudiante, mientras que el medio presencial permite una comunicación más humana y real con el docente y el resto de compañeros. Es decir, en este modelo híbrido, ambos ecosistemas se complementan.

En segundo lugar, los estudiantes pueden aprovechar más el tiempo, ya que no solo reciben las clases expositivas de manera asíncrona, sino que previamente deben buscar el conocimiento para después realizar las actividades en clase. De esta forma, las dudas que surgen durante la elaboración de las tareas pueden ser resueltas directamente. Además, los debates que se producen en la ejecución de algún ejercicio pueden llegar a ser todavía más enriquecedores, al haber dedicado los estudiantes tiempo previamente a reflexionar sobre los temas de manera independiente.

Por último, la clase invertida puede ser una gran ventaja para el claustro de profesores, ya que las clases que preparan pueden ser utilizadas en más de una ocasión. Así, los docentes disponen de más tiempo para buscar nuevos materiales, o corregir actividades.

Mantenerla tras la pandemia

Esta propuesta es aplicable al nuevo escenario en el que nos encontramos, con muchas universidades de vuelta al modelo presencial. Podremos aprovechar la experiencia que se ha acumulado en estos meses.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la tecnología es importante, pero los métodos docentes y las estrategias de aprendizaje todavía más. Se requiere, pues, una profunda reflexión pedagógica. Una revisión de los métodos docentes y las competencias que se demandan para llevarlos a cabo y que todo ello se traduzca en una formación docente adecuada para este entorno.

Para impulsar la aplicación del aula invertida en el ámbito universitario es necesaria la formación docente. Para ello, tal y como se explica en el Modelo de Competencia Digital Docente (Digital Competence Framework for Educators, DigCompEdu) elaborado por el Joint Research Centre de la Comisión Europea, hay que tener en cuenta diferentes dimensiones y áreas.

Creación de contenidos, métodos de evaluación

Por un lado, es imprescindible abordar el compromiso profesional entre los equipos docentes, favoreciendo la colaboración y la práctica reflexiva, así como la codocencia. De esta manera, compartir las buenas prácticas docentes, haciendo visibles los casos de éxito de clase invertida a toda la comunidad docente puede aportar ventajas importantes y servir de inspiración para todos los profesores y las profesoras.

Otra área clave es la creación de contenidos digitales. Invertir el aula supone trabajar de manera adecuada los espacios virtuales, dotándolos de contenido de calidad, sea haciendo uso de los recursos digitales abiertos en línea o elaborando recursos propios (vídeos, podcast, presentaciones interactivas, infografías, etc.).

Es importante también formar en los aspectos metodológicos, para que la clase híbrida sea satisfactoria. Cuál es el rol del docente y el estudiante, qué tipo de actividades se desarrollan, con qué tiempos, etc., son incógnitas a tener en cuenta.

Por último, es necesaria la formación en nuevos métodos de evaluación que aseguren los resultados de aprendizaje en el espacio híbrido, así como potenciar la propia competencia digital del alumnado, impulsando su empoderamiento y espíritu crítico.

Aprovechar la experiencia al máximo

Invertir el aula en los nuevos espacios híbridos requiere aplicar nuevos enfoques. Repensar qué tecnología es más adecuada, pero, sobre todo, de qué manera se lleva a cabo metodológicamente.

Los meses de confinamiento y la vuelta a la presencialidad con las medidas de seguridad sanitaria han impulsado el desarrollo digital docente. Con esta experiencia, llega el momento de reflexionar de qué manera todo este conocimiento, acompañado de una formación adecuada, puede plantear un modelo que aproveche al máximo el contexto híbrido.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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