La guerra del agua: México y Estados Unidos se han encaminado hacia un conflicto irremediable por el abastecimiento

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Estados Unidos y México parecen abocados a una nueva disputa fronteriza a cuenta, en esta ocasión, del agua. O mejor dicho, de la falta de agua. Desde 1944 ambos países disponen de un tratado para repartirse el aprovechamiento de las cuencas transfronterizas de los ríos Colorado y Bravo. El problema es que cuando se cerró aquel pacto, hace 80 años, sus autores no contaron ni con el aumento de demanda ni con las pertinaces sequías que sacuden la región en el siglo XXI.

El resultado es que los compromisos de 1944 han acabado convirtiéndose en una bomba de relojería de difícil gestión con la que lidian ahora ambos países.

Un poco de historia. Para entender la situación que se vive hoy en la frontera entre EEUU y México hay que remontarse a la primera mitad del siglo XX, cuando ambos países firmaron pactos para repartirse el agua de tres ríos transfronterizos: el Bravo —conocido como Grande, en EEUU—, el Colorado y el Tijuana. El primer acuerdo fue de 1906. El segundo, el Tratado Internacional de Aguas de 1944, en el que se acordaron los compromisos de ambas partes: México cedería cierta cantidad de agua del Bravo y EEUU haría lo propio con la del Colorado.

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Resumen del Tratado de 1944 publicado por el Gobierno de México.

Bajando al detalle. La letra pequeña es algo más complicada y puede consultarse en la web del Gobierno de México. EEUU asume el envío de 1,5 millones de acres-pie de agua desde el Colorado al año, mientras México envía 1,75 millones de acres-pie de agua a EEUU cada cinco años desde el Grande. A modo de referencia, un acre-pie es el líquido necesario para esparcirse por un acre con un pie de profundidad. De forma más gráfica, The Washington Post aclara que es la cantidad de agua que consumen dos o tres hogares promedio durante un año.

El pacto de 1944 que establece la asignación de las aguas de los ríos Colorado y Bravo desde Fort Quitman, en Texas, hasta el Golfo de México, contempla ciclos quinquenales por una razón muy sencilla: la imprevisibilidad del río. La idea era que si había épocas de déficit se pudiesen cubrir con otras de superávit.

«Algo cambió». Aquel peculiar arreglo transfronterizo funcionó durante un tiempo, las primeras décadas, pero ya a finales del siglo XX dejó ver sus puntos débiles. Como explica a la CNN María Elena Giner, de la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA), «algo cambió». México cerró varios ciclos quinquenales con déficits en un período relativamente corto. Es más, The Whasington Post precisa que el país se ha quedado corta de forma habitual desde 1997.

Una de las claves sería que el tratado internacional de 1944 se basó en la disponibilidad de agua y las previsiones de sequía que se manejaban por entonces, sin contar con el escenario actual. Esta mismo semana Álvaro Iván Bustillos, de la Unión Ganadera Regional de Chihuahua, en México, reconocía a El Heraldo que el sector está bregando con la peor crisis por sequía de los últimos 35 años.

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El recuerdo de 2020. No hace falta irse muy atrás para encontrar tiranteces entre México y EEUU a cuenta del agua. En el verano de 2020, a punto de cerrarse el ciclo quinquenal, México se arriesgaba ya a incumplir con su cuota. La situación era entonces tan complicada que las autoridades llegaron a plantearse el uso de la reserva de la presa de la Boquilla, lo que desató la indignación de los agricultores. En el punto álgido de las protestas llegó a registrarse incluso una muerte.

Cuatro años después… El escenario no es muy distinto, como exponía hace unos días la CNN en un amplio reportaje en el que explica que, debido a la sequía y las altas temperaturas que azotan al país, México se ha retrasado en el suministro. El actual ciclo no se cerrará hasta octubre de 2025, pero el escenario no invita al optimismo, sobre todo ante la perspectiva de un verano caluroso. «Solo hemos recibido un año de agua y estamos en el cuarto año», advierte Giner.

El escenario actual se explica por las elevadas temperaturas y la sequía que acompaña al calentamiento global, pero también por la construcción de embalses desde la firma del convenio de 1944 y el aumento de la demanda de agua a medida que se desarrollaba en el entorno del río Grande y aumentaba la población.

Por si la situación no fuera compleja ya de por sí, Vianey Rueda, investigadora de la Universidad de Michigan, recuerda que los últimos 80 años han pasado factura al sistema pactado en su día: «Tenemos tratados que fueron concebidos para un clima estable, pero que ahora intentan aplicarse a uno que no es estable».

Malestar en EEUU. La situación es complicada en el norte de México. Pero también al sur de EEUU, más concretamente en Texas, donde se padece la escasez de agua y sus efectos se trasladan a las granjas. «La agricultura estadounidense y particularmente la de Texas se ven privadas del agua que necesitan para cultivar y ganarse la vida», lamentaba hace poco John Cornyn, senador republicano de Texas: «Estamos tratando de llamar la atención del gobierno mexicano».

Según los datos que maneja CW39, que cita a su vez a la Comisión Internacional de Límites y Aguas, desde 2020 México habría entregado un tercio de lo previsto en el tratado. «Es una cuestión de vida o muerte para muchos agricultores».

La zona más afectada es la del Valle del Río Grande y hay quien habla incluso de que los problemas con el agua puede acabar derivando en un aumento de precios de los alimentos. La CNN va más allá y señala que hay embalses de la frontera que  abastecen a hogares y granjas en mínimos históricos: Amistad estaría por debajo del 26% y Falcon, al 9,9%. La sequía habría obligado también a cerrar una explotación azucarera de Texas, afectando a cerca de 500 empleados.

¿Cuál es la solución? Hace un mes The Washington Post ya advertía que el conflicto diplomático entre México y EEUU se estaba volviendo más profundo y en Texas hay ya voces que reclaman que México aporte agua o afronte recortes en las ayudas de EEUU. En el epicentro de la crisis está el tratado de 1944, la sequía y su efecto en el tramo superior del río Grande. Al fin y al cabo hay dos factores difíciles de controlar: el aumento de demanda desde la década de los 40 y las lluvias.

Precisamente estas últimas, una fuerte tormenta que surta los ríos mexicanos, es una de las posibles soluciones para paliar el problema actual, si bien los expertos advierten que se trataría de una salida cortoplacista para un reto complejo. Otra posibilidad es replantear el tratado o aplicar enmiendas. En 2020 López Obrador reivindicaba que el pacto de 1944 es «de los mejores acuerdos que se han logrado en la historia en relación con EEUU». En cualquier caso Giner asume que, al menos a corto plazo, sin agua disponible «no hay nada que podamos hacer».

Rueda va más allá y aboga en la CNN de dejar de ver el reparto como un juego de suma cero en el que la pérdida de una parte conlleva una ganancia para la otra. «Entonces empiezas a eliminar ese juego de suma cero, empiezas a decir que ambos estamos perdiendo esencialmente. En realidad, nadie está ganando».

Imagen | Daxis (Flickr)

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La guerra del agua: México y Estados Unidos se han encaminado hacia un conflicto irremediable por el abastecimiento

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Xataka

por
Carlos Prego

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