Las cabañuelas no predicen nada sobre el invierno. Pero estos modelos científicos a medio plazo sí

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Las cabañuelas no predicen nada sobre el invierno. Pero estos modelos científicos a medio plazo sí

Vuelve el invierno, vuelve el turrón, vuelven las cabañuelas. Y no es extraño. Los cabañuelos nos dan lo que queremos: predicciones, predicciones y más predicciones. Sin embargo, todo el tiempo que dedicamos a esa pseudociencia, no se la dedicamos a ver qué dice la ciencia realmente sobre predecir el tiempo a escala estacional. Porque sí, la ciencia también tiene muchas cosas que decir en esto.


¿Por qué no sirven las cabañuelas? Cuando la ciencia moderna empieza a tomar forma a lo largo de los siglos XVI y XVII, hace tabla rasa con un montón de esos sistemas tradicionales que, casi a tientas, trataban de ordenar la realidad a fuerza de mezclar experiencias comunitarias y mitología. La ola científica tardó en llegar a la meteorología porque las técnicas para poder modelizar el tiempo atmosférico son muy recientes. Sin embargo, aquellos primeros científicos sabía desde hacía mucho que cosas como las cabañuelas no tenían ni pies ni cabeza.

Y hablo de las cabañuelas porque es «nuestro» sistema y, en fin, desde el ‘revival’ de Filomena invade los medios regularmente. Esencialmente, las cabañuelas se tratan de un «cálculo popular basado en la observación de los cambios atmosféricos en los 12, 18 o 24 primeros días de enero o de agosto».

A la información que teóricamente son capaces de extraer de esas primeras docenas del mes, los cabañuelos añadirían cosas como las particularidades del viento o el comportamiento de los animales. Suena bien, pero el problema es que, salvo poquísimas excepciones, los procedimientos que utilizan cabañuelos y astrólogos no sirven de mucho: no tienen poder predictivo.

Si está tan claro que es mentira, ¿por qué siguen existiendo? La respuesta, como con otras muchas pseudociencias, es la misma: trata de cubrir ciertas necesidades que, realmente, no están bien cubiertas. Basta con caer en la cuenta de que, cuando hablamos de «predicción a medio plazo», estamos hablando de predicciones a siete días para entender que nuestra capacidad actual para predecir el tiempo no encaja bien con nuestras necesidades.

Ahí intervienen los cabañuelos, gente que (muchas veces con la mejor intención) tratan de dar certezas a todos aquellos que (como los agricultores y ganaderos) las necesitan por su exposición estratégica a los caprichos e inclemencias del tiempo. El hecho de que sean más o menos precisas es casi secundario: las funciones sociales, económicas y comunitarias de las cabañuelas suplen su escasa precisión. Algo de lo que, por otro lado, se han aprovechado también la predicción meteorológica.

Entonces, ¿no podemos predecir a largo plazo? No es exactamente eso. Los meteorólogos son conscientes del valor de las predicciones estacionales y, aunque no pueden alcanzar los niveles de fiabilidad de las predicciones diarias, siguen trabajando en modelos con los que escudriñar el futuro meteorológico. Aunque existen numerosos modelos, los principales son los de la NOAA, la Met Office británica, la DWD alemana, el ECCC canadiense, el de Meteofrance y el ECMWF. Lo que suelen hacer las agencias meteorológicas como la AEMET es combinar estos modelos para estimar una media que usar cómo referencia.

¿Cómo funcionan? A escala estacional, las mejores predicciones que tenemos son de carácter probabilista. Es decir, a diferencia de los modelos deterministas que usamos habitualmente para predecir el tiempo, este tipo de predicciones reflejan la probabilidad de que, durante los próximos tres meses, el valor promedio de las temperaturas o las precipitaciones esté por encima o por debajo de los valores considerados normales (en nuestro caso «lo normal» es la media entre 1981-2010).

Ejemplomapas

Mapas de ejemplo | AEMET

¿Y qué nos dicen los modelos? Para los tres últimos meses de 2022, los modelos marcan una alta probabilidad de que la temperatura se encuentre por encima de la media en la España peninsular y Baleares. En Canarias, en cambio, se espera una temperatura normal. En cuanto a las precipitaciones, la peor parte se la lleva en el oeste peninsular que, según estos modelos, tiene una mayor probabilidad de que la sequía se recrudezca. En el resto del país, se espera (crucemos los dedos), una regresión a la media; es decir, un nivel de lluvia normal.

Imagen | GTRES


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Xataka

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Javier Jiménez

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