Lucia de Lamermoor: una cumbre del bel canto frente al caos napolitano
Ilustración de _Lucia de Lammermoor_ por Victor Coindre. BNF / Gallica

La primera noticia que tenemos de que Donizetti estaba trabajando sobre lo que terminaría siendo Lucia de Lamermoor se encuentra en una carta que le escribe a su amigo el conde Luigi Spadaro del Bosch, de Messina, el 18 de mayo de 1835, para disculparse por no ir a visitarlo, a causa de “il ritardo del mio poema per San Carlo, che sará La sposa di Lamermoor, di Walter Scott”.

Retrato de Gaetano Donizetti de autor desconocido.
Wikimedia Commons

Resulta sorprendente que Gaetano Donizetti (fallecido un 8 de abril de 1848) eligiera esta novela del escocés Scott: en los seis años anteriores se habían estrenado tres óperas basadas en ella, con un aceptable éxito: en 1929, Le nozze di Lamermoor, de Michele Caraffa; en 1831, La fidanzata di Lamermoor de Luigi Rieschi y en 1832 Ida, de Giuseppe Bornacini, lo que da idea del éxito de la novela traducida al italiano.

La rivalidad con Bellini

Donizetti acababa de estrenar, con éxito aceptable, Marin Faliero, un “rafinato essempio” del arte donizettiano, además de una anticipación verdiana, tal y como la definió Henry Chorley.

Este estreno coincidió con I Puritani, un aclamado éxito y la última obra de Vincenzo Bellini antes de su temprana muerte. Se ha especulado mucho con que la Lucia fuese una respuesta a Bellini para tratar de recuperarse tras la virtual derrota sufrida en marzo. Pero no parece propio del carácter de Donizetti.

De hecho, en una carta que escribe a su amigo Dolci a finales de marzo de 1835 podemos comprobar su admiración por la obra de Bellini, pero también su satisfacción con el estreno de Marin Faliero: “El éxito de Bellini, con I Puritani, me ha hecho temblar no poco pero, como tenemos estilos opuestos, hemos obtenido un gran éxito los dos”. Tampoco fue Lucia de Lamermoor un homenaje a la muerte del compositor de Catania, como se ha llegado a decir: Bellini murió solamente tres días antes del estreno de la ópera en Nápoles.

El contrato, la censura y los retrasos

En marzo de 1835, Donizetti vuelve a Nápoles tras una larga estancia en París. La Comisión Real que se encargaba de la gestión del Teatro San Carlo estaba sumida en un caos administrativo y artístico que, mezclado con la asfixiante censura, era capaz de sacar de quicio a cualquiera. El año anterior, cuando su María Stuarda ya estaba en los ensayos, había sido retirada de escena por la intromisión de los censores o la prohibición directa del rey Fernando II Dos Sicilias.

Hay numerosas cartas de Donizetti quejándose del desgobierno del teatro. El contrato para su siguiente ópera, que había firmado en noviembre de 1834, contemplaba que debería estar lista para su estreno el julio de 1935.

De hecho, el artículo 7 del contrato decía que la Comisión Real se comprometía a designar un “libreto aprobado por las Autoridades, al menos cuatro meses antes del estreno”. Está claro que ese artículo lo había impuesto el compositor tras el estreno fallido de María Stuarda.

Pero el estreno se retrasaría bastante. En primer lugar, no eran capaces de encontrarle un libretista. Finalmente tuvo lugar el afortunado “ascenso” de Salvatore Cammarano. El 25 de mayo, el libreto estaba listo en su primera versión.

Química con Cammarano

Cammarano era un talentoso pintor y escultor que cambió pinceles y cinceles por la pluma, un terreno en el que alcanzó más reputación que fortuna. Hombre de gran experiencia teatral, fue promocionado en el teatro de San Carlo de director de escena a poeta, y con esta obra iniciaba su colaboración con Donizetti.

No era el primer libreto que escribía. Ya había escrito tres cuando le llegó el encargo de la Lucia, que fue definitivo para su consagración como libretista. La química con Donizetti fue inmediata y su colaboración se extendería a siete óperas más.

Cammarano construyó un libreto lleno de fuerza dramática y personajes poderosos, en el que cambió algunos de los roles de la novela original para facilitar su puesta en música.

No hay dinero

Pero aún no habían acabado los problemas. A finales de julio, la sociedad gestora del teatro está a punto de quebrar. El rey ordena que la ópera de Donizetti siga adelante. Pero mientras se realizan los ensayos, en agosto, la Comisión Real comunica que no hay dinero para pagar a los cantantes. Estos se niegan a seguir adelante con los ensayos. Donizetti describe una desastrosa situación, en carta a Ricordi, el 5 de septiembre:

“La sociedad va a quebrar. La Persiani, a la que no han pagado, no quiere ensayar. Aquí Dios sabe si me pagarán…”

Finalmente, el 26 de septiembre, una fecha en la que tradicionalmente se reabría el Teatro San Carlo con una nueva ópera, se estrena Lucia de Lamermoor. Los periódicos napolitanos anuncian para los días 26, 27 y 28 las tres primeras representaciones.

La obra obtuvo un extraordinario éxito desde la primera representación, con las voces de Fanny Tacchinardi-Persiani, probablemente “la cantante más aguerrida de su época” como afirma Ashbrook, en el papel de Lucia, Gilbert Duprez como Edgardo y Domenico Cosselli en el rol de Enrico.

Sexteto romántico

Sir Walter Scott había escrito un drama al uso de la época, llamado “The bride of Lamermoor”, que recogía el enfrentamiento entre dos familias escocesas con resultados fatales para ambas. El libreto nos presenta a los Ashton y los Ravenswood, que llevan años matándose entre ellos. Enrico Ashton, hermano de Lucía, se entera de que su encarnizado enemigo, Edgardo Ravenswood, y su hermana mantienen una relación secreta. La engaña con enredos y consigue que se case con Sir Arthur, pero nada más firmar los papeles de la boda aparece Edgardo y se produce un sexteto de los más famosos del bel canto romántico: “Qui mi frena in tal momento?”.

Ópera de San Francisco, 2008: Gabriele Viviani, como Edgardo; Giuseppe Filianotti, como Enrico; y Natalie Dessay como Lucia.

Los acontecimientos se precipitan y Lucia mata a su marido en la noche de bodas. Baja con el vestido ensangrentado y protagoniza la escena de la locura de Lucía, “Oh giusto cielo!… Il dolce suono”, cita obligada de cualquier soprano que se precie. Finalmente, Edgardo, cuando se entera que Lucia ha perdido el sentido, se suicida con un estilete.

Teatro Real, 2018: Lisette Oropesa como Lucía.

Se dan todos los ingredientes románticos y dramáticos para que un músico avezado saque el máximo partido. La obra tiene decenas de momentos musicales de enorme inspiración y belleza. Cammarano hizo un cambio importante con respecto a la obra original, donde el papel perverso e intrigante lo desempeña Lady Asthon, la madre de Lucía. En el libreto, ese rol lo asume el hermano Enrico, barítono de carácter y personaje alrededor de cuyas fechorías va basculando la trama. La madre, simplemente, desaparece.

Una obra para iniciarse en la ópera

La Lucia de Donizetti está considerada, junto a la Norma de Bellini, como momento cumbre del bel canto romántico italiano, además de ser, según señala Eduardo Rescigno, “la mejor obra para iniciarse en la ópera”, algo que suscribo. En la época, la comparación se estableció con I Puritani, del propio Bellini, estrenadas ambas el mismo año.

En ese momento, Donizetti ya es un compositor famoso, rico y que había estrenado cerca de 50 óperas. Para un músico de 38 años, era una cifra impresionante. No parece que la pretendida competencia pudiese afectarle demasiado.

El 8 de abril se cumplen 173 años de la muerte de Gaetano Donizetti. Junto a Bellini y Rossini, forman la proa indiscutible del bel canto romántico italiano, que se desarrolló en la primera mitad del siglo XIX.

El estreno de Lucia de Lamermoor en 1835 alumbra una obra cumbre del mencionado estilo y marca un antes y un después para el maestro de Bérgamo. Con Rossini retirado desde 1829, tras la desgraciada muerte de Vincenzo Bellini en 1835, y con un Verdi de 22 años y aun por llegar, Donizetti se queda como rey absoluto del teatro lírico durante casi una década. Cuando fallece, en 1848, no había cumplido 51 años y dejaba más de 70 óperas para la historia.

The Conversation

Pedro Pablo Gutiérrez González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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