Lula y Bolsonaro se sacan chispas en su primer debate de cara a la segunda vuelta

Redacción

Como era de esperar, el presidente Jair Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), se sacaron chispas en el primer debate de cara a la segunda vuelta del 30 de octubre. «Mentiroso» fue el calificativo más utilizado por los dos contendientes frente a las cámaras. La discusión duró dos horas y tuvo un previsible record de audiencia. La última encuesta de Datafolha, del pasado miércoles, le asigna a Lula una intención de voto del 53%, frente al 47% de Bolsonaro. Esos seis puntos de diferencia podrían reducirse de manera según la inclinación de último momento de los indecisos y si, además, crece el nivel de abstención, que en el primer turno rondó el 20%.

Bolsonaro lleva la delantera en los niveles de agresiones durante la campaña. Antes de pararse cara a cara frente a Lula prometió llevarlo a la cárcel de nuevo si vence las elecciones. Por momentos, más que un debate, se trató de una gresca verbal en el límite de la ruptura de las formalidades democráticas. Bolsonaro llegó a tocar el hombro de su rival con cierto aire de pendencia. Antes había dicho que el Lula había sido un Gobierno corrupto y por eso quiere volver a la «escena del crimen». El capitán retirado se abstuvo esta vez de llamar «ladrón» a su oponente, pero mantuvo la misma línea argumental al asegurar que cuatro de cada cinco votos en las cárceles fueron en favor de Lula. Sostuvo a su vez que el PT y sus aliados intentan convertir a Brasil en una nueva Venezuela, Colombia o Argentina. También sugirió que si Lula gana comenzará un hostigamiento de las iglesias evangélicas. «¿Quién será su ministro de Economía? ¿Estás negociando con algún partido?», quiso saber el actual mandatario quien, en su alegato final se presentó como defensor de la religión, la propiedad privada y el derecho de la sociedad a armarse.

«Eres amigo de los bandidos«, insistió Bolsnaro, a lo que el candidato petista lo relacionó con las milicias parapoliciales que controlan una parte de Río de Janeiro. “Dictadorzinho”, lo llamó al capitán retirado. Lula apeló al recuerdo de sus años de Gobierno (2003-10) y consideró que el bolsonarismo representa un peligro para la salud de la Amazonía.

Primeras conclusiones

«Lula y Bolsonaro acudieron al debate más interesados en reforzar los puntos de desgaste conocidos de su adversario que en alabar sus propias cualidades. El actual presidente supo aprovechar mejor las oportunidades. Las características de la segunda vuelta favorecen la apuesta por la captación de votos por el rechazo. En una disputa que lleva varios meses cristalizada, los movimientos decisivos a partir de ahora deberían depender de los votantes, que parecen inclinarse por una opción que evite la victoria de uno u otro candidato», señaló Folha de San Pablo. «El intercambio de acusaciones realizado en el debate despierta las pasiones de los votantes, pero no llega a ser lo suficientemente profundo como para provocar una migración masiva hacia un lado».

Petróleo y covid-19

Así como Bolsonaro convirtió a los negociados en la estatal Petrobras en su caballito de batalla, Lula puso mayor énfasis en el desastre humanitario durante la pandemia, que provocó unos 680.000 muertos. «Eres el rey de las fake news, el rey de la estupidez, de la mentira a la sociedad brasileña. Mentiste sobre la vacuna todo el tiempo», arremetió el exsindicalista. «Brasil tiene el 3% de la población mundial y contribuyó con el 11% de las muertes por covid-19 en el mundo. No querías creer en el covid, tenías que seguir mintiendo. Y sé lo que piensan las personas que han perdido a un ser querido. Yo mismo perdí a una suegra”. Lula acusó a Bolsonaro de haber nombrado al frente del ministerio de Salud al general retirado Eduardo Pazuello. «Se notaba que no entendía nada». Pazuello acaba de ser electo diputado por la ultraderecha.

Al hablar de la corrupción, Bolsonaro recibió ayuda en los descansos del ex juez y senador electo Sergio Moro, quien condenó a Lula en una causa que luego fue anulada por el Tribunal Supremo, por serios vicios legales. Mientras la sentencia estuvo firme, el líder del PT pasó 580 días en prisión que le permitieron a la ultraderecha llegar al Gobierno en 2018. Moro rompió con Bolsonaro pero la figura de Lula ha vuelto a unirlos.

Pedofilia

Lula se presentó en los estudios televisivos con un símbolo en su traje de la campaña Faça Bonito que combate la violencia sexual contra niños y adolescentes. Su utilización no ha sido casual. Antes del debate, Bolsonaro tuvo que atravesar una tormenta mediática que no ha concluido. Días atrás, el capitán retirado habló de un paseo en moto que concluyó en una casa con adolescentes venezolanas. «Me puse de humor y volví. ¿Puedo entrar en tu casa? Entré». Buena parte de la oposición no desperdició la oportunidad de criticarlo despiadadamente. Para Marina Silva, Bolsonaro debería ser al menos acusado de prevaricato. El presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE), Alexandre de Moraes, ordenó este domingo al PT que quitara una propaganda electoral que asociaba al mandatario con la pedofilia.

 

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