McCarthy logra su primera victoria con la aprobación de las reglas de la Cámara Baja de EEUU

Redacción

Tras la caótica, turbulenta y agónica elección de la semana pasada, el presidente de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos, Kevin McCarthy, ha superado este lunes la primera prueba sobre su capacidad de controlar la precaria mayoría republicana. Los conservadores han logrado aprobar el paquete de reglas que regirán la Cámara Baja en el 118˚ Congreso, un conjunto de normas que incluye algunas de las concesiones que McCarthy hizo al ala más extremista de su bancada para conseguir la elección y que han elevado los temores a dos años convulsos en el Congreso y el país.

Con los 222 escaños que le dan una frágil mayoría en una cámara de 435 miembros, McCarthy solo puede permitirse perder cuatro votos si quiere sacar adelante sus iniciativas. Y aunque su acuerdo con los extremistas había levantado recelos y preocupación dentro de su formación, al final solo un republicano moderado se ha sumado a los demócratas en la oposición a las reglas, que han acabado recibiendo luz verde con 220 votos frente a 213. (Otro republicano ha estado ausente).

Las normas

Las reglas permiten que un solo legislador inicie el proceso para destituir al ‘speaker’. Abren también la puerta a la creación de paneles de investigación, incluyendo un subcomité que investigue el supuesto uso politizado del Departamento de Justicia, algo que los conservadores han estado denunciando desde la presidencia de Donald Trump. 

Hacen también necesaria una supermayoría para aprobar subidas de impuestos. Y permite a los legisladores usar leyes presupuestarias para quitar financiación a programas del gobierno o para reducir salario de cargos oficiales o incluso despedirlos, algo que se anticipa que los conservadores intentarán usar contra figuras que han colocado en su diana como el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, al que responsabilizan de la crisis de inmigración.

Las reglas aprobadas, además, eliminan la opción a votar a distancia o delegando el voto que se habían aprobado para facilitar las funciones a los legisladores durante la pandemia de covid. Y obligarán a que las propuestas legislativas aborden “un solo tema”, con la idea de desanimar la práctica habitual de mezclar legislación de diversa naturaleza y no relacionada con la idea fundamental de una propuesta de ley.

Las otras concesiones

Muchas otras partes del acuerdo que McCarthy selló con los ultras, incluyendo algunas muy polémicas y trascendentales, no están incluidas en el paquete de reglas y se desconoce si se harán públicas, o cuándo. Entre esas concesiones se cuenta una que permitirá al ala más extremista un papel fundamental en el Comité que decide qué leyes se someten a debate en la Cámara.

McCarthy también se ha comprometido con los ultraconservadores a emparejar cualquier apoyo a la subida del techo de la deuda a recortes de gasto paralelos a la cantidad en que se eleve ese techo. Y también aprobará imponer a los gastos discrecionales como límite los niveles de 2022, lo que obligaría a tener que reducir el gasto presupuestado para 2023, incluyendo en Defensa, que se aprobó a finales de diciembre en un paquete de 1.7 billones de dólares que incluye 45.000 millones para ayuda a Ucrania

Tanto las reglas como esos otros acuerdos alcanzados en negociaciones a puerta cerrada y no hechos públicos han sido repetidamente denunciados en el debate previo a la votación de este lunes por el representante demócrata Jim McGovern. Este ha asegurado que las nuevas normas para la Cámara “no son un intento serio de gobernar” y las ha equiparado con “la nota de petición de pago de rescate de un secuestro de la extrema derecha a EEUU.

Primera propuesta de ley

Justo tras aprobar las reglas los republicanos han planteado su primera propuesta legislativa, que intentará quitar a la Hacienda estadounidense 71.000 millones de dólares que para tratar de combatir el fraude fiscal se le asignó el año pasado como parte de la Ley de Reducción de la Inflación firmada por el presidente Joe Biden.

La norma tiene casi nulas posibilidades de pasar en el Senado de mayoría demócrata, e incluso si lo hiciera toparía con el veto ya anunciado de Biden. Según ha calculado la Oficina de Presupuesto del Congreso, si llegara a ver la luz añadiría 114.000 millones al déficit en una década, y eso ha llevado a que sea denunciada por los demócratas como señal de la “hipocresía” de los republicanos, que han llegado al control de la Cámara asegurando que su prioridad es recortar el gasto del gobierno.

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