Memphis y Morata ponen las cosas difíciles a Simeone

Redacción

Si Simeone esperaba sacar conclusiones sobre quién debe ser su delantero titular, no será en este partido. Tanto Morata en la primera parte como Memphis en la segunda dieron motivos más que suficientes al técnico argentino para reclamar su lugar en el once. No hay sitio para los dos pero, de momento, esta sana competencia brindó al Atlético de Madrid su primera victoria de la temporada ante un Granada que, si llegó a plantar cara, fue gracias al desparpajo de Omorodion.

No fue un debut plácido para el cuadro rojiblanco. Apenas habían transcurrido seis minutos cuando Koke, aquejado de molestias musculares, tuvo que pedir el cambio. Simeone, que todavía no dispone de su ansiado pivote, recurrió a Pablo Barrios para paliar la inesperada baja.

A la lesión del capitán se sumó el carácter bronco del partido. Griezmann y Morata estuvieron en brega constante con la defensa nazarí y el juego, como consecuencia, se tornó poco fluído. En este contexto, se agradeció sobremanera la presencia de Yannick Carrasco. El belga, descarado como de costumbre, martilleó el costado izquierdo del Granada, encarando y driblando siempre que tuvo ocasión. El público lo agradeció.

El fútbol, inevitablemente, se vio resentido por el ritmo del partido. Las ocasiones, llegaron con cuentagotas, y apenas se contabilizaron un tiro a las nubes de Rodrigo De Paul y una mano de Dios poco ortodoxa de Álvaro Morata. El internacional español parecía empecinado en ver puerta, ya que su remate ‘maradoniano’ vino precedido de un derribo en el área muy reclamado y un mano a mano anulado por fuera de juego.

La insistencia de Morata terminó siendo recompensada. Cuando la primera parte parecía vista para sentencia, el ariete rojiblanco aprovechó un regalo de Vallejo, poco acertado en el momento de despejar, para batir a Ferreira con un disparo cruzado. Ahora sólo le quedan 17 tantos para cumplir con el reto impuesto por el ‘Cholo’.

Nunca es bien recibido un gol antes del descanso, pero el Granada no había dicho su última palabra. La energía de Samu Omorodion, la gran esperanza de la cantera nazarí, resultaba contagiosa, y lideró a los suyos en busca del empate. No lo consiguió en su primer intento, un cabezazo muy tibio que Oblak detuvo sin despeinarse, pero sí en el segundo.

Nada tuvo que ver el ritmo de la segunda parte con el de la primera. Memphis, que hacía escasos minutos que había ingresado sobre el terreno de juego, no tardó en cuestionar la decisión de Simeone de dejarlo en el banquillo. El neerlandés recibió a una distancia aparentemente prohibitiva, pero no se lo pensó dos veces en el momento de conectar un zapatazo que limpió las telarañas de la portería nazarí.

El Atlético, lejos de relajarse o intentar aferrarse al resultado, introdujo aún más pólvora para dominar más aún al Granada. Correa saltó al césped con hambre y, junto a Memphis, hizo enloquecer a la defensa nazarí. De una conducción del argentino nació el gol de la sentencia, obra de Llorente, que aprovechó que el esférico quedó muerto en el interior del área para definir entre las piernas de Ferreira.

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