Por qué debemos aprender a gestionar los desacuerdos morales en los medios digitales

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El debate actual alemán sobre la guerra en Ucrania enfrenta a pacifistas contra defensores de la “guerra justa”. Para los primeros, Ucrania tiene la obligación de poner fin a la guerra a toda costa. Los segundos argumentan que Ucrania debe recurrir a la violencia para defenderse y para recuperar el control de los territorios ocupados.

Este es un ejemplo claro de la importancia que tienen los desacuerdos morales para el debate público. Y estos no son necesariamente malos. Hay desacuerdos que ayudan a que nuestras decisiones sean más informadas. En ocasiones creemos estar en desacuerdo, pero realmente lo que nos pasa es que no sabemos algunas cosas.

Otros desacuerdos son más persistentes e implican el choque de valores morales compartidos por ambas posiciones, aunque con diferente énfasis. El debate en torno al aborto facilita un ejemplo claro de este tipo de desacuerdos. Los conservadores valoran sin duda la autonomía corporal. Los progresistas no son en absoluto insensibles al valor de la vida. Sin embargo, en el debate sobre el aborto se exagera la oposición a esos valores desde la otra parte

Y hay desacuerdos más profundos. Muchos antivacunas o negacionistas del cambio climático o de la covid abrazan principios de justificación que son incompatibles con los asumidos por gran parte de la sociedad. En estos casos, el debate razonado y la búsqueda de consenso se tornan imposibles y la intolerancia y la demonización del otro resultan inevitables.

Potenciar los efectos positivos de los desacuerdos

En el proyecto Digi_morals queremos estudiar cómo funcionan estos desacuerdos en contextos digitales cotidianos. ¿Cómo se pueden potenciar los efectos positivos de los desacuerdos morales y minimizar la polarización, la intolerancia o el discurso de odio?

Digi_morals aborda esta pregunta general desde tres disciplinas, la Filosofía, la Comunicación y la Ciencia Política. Cuatro compromisos básicos animan este proyecto interdisciplinar:

  1. Más allá de la diversidad. Empezamos a saber que la diversidad de opiniones es un valor que debe administrarse con precaución. Sin embargo, contamos con menos evidencia sobre los efectos que tiene la percepción de desacuerdos morales. Los desacuerdos morales son situaciones comunicativas más densas que la mera expresión de posturas opuestas. En un desacuerdo se intercambian razones o se justifica una afirmación apelando a valores, ideales, etc. ¿Son siempre esas razones buenas herramientas para favorecer el consenso y la tolerancia o en ocasiones pueden tensar el debate público y el intercambio de pareceres? ¿Qué propiedades tienen aquellas redes que favorecen la expresión genuina y constructiva de desacuerdos?

  2. Desacuerdos reales, no ideales. Gran parte de las aproximaciones filosóficas a los desacuerdos privilegian el plano ideal, olvidando los factores sociales y culturales que acompañan a la expresión de desacuerdos morales. Atender a los desacuerdos en contextos digitales requiere prestar atención a los numerosos marcadores sociales, narrativas y entornos culturales que podrían afectar a nuestra percepción de los desacuerdos.

    El estudio de los desacuerdos morales debe atender también a la peculiar arquitectura comunicativa e informacional del contexto digital. La segregación parece un componente significativo de muchas redes sociales.

    Sin embargo, algunos estudios recientes muestran que la ilimitada oferta de medios digitales y el acceso universal a las redes sociales ofrecen una mayor exposición a información diversa y contraria. Esto podría aumentar nuestra exposición a desacuerdos morales y quizás hacernos un poco menos intolerantes.

  3. Rescatando viejas categorías. Empezamos a saber que la política implica lealtades grupales que en ocasiones bordean lo tribal. La vuelta de las identidades sociales al centro de la Ciencia Política o la Psicología implica un retorno de categorías que se suponían superadas: el prestigio o la búsqueda de estatus, por ejemplo, nos retrotraen a la sociología clásica de finales del siglo XIX y comienzos del XX.

    Nuestro proyecto quiere integrar esos conceptos con las herramientas de la naciente ciencia social computacional. El siglo XXI nos brinda la posibilidad de “datificar” y digitalizar algunas de estas categorías. La combinación de evidencias basadas en la colección de actitudes y opiniones con el comportamiento revelado de los propios interesados en sus redes sociales nos ofrecen una oportunidad inmejorable para medir y precisar mejor esos conceptos abstractos.

  4. Aprender a gestionar los desacuerdos. Finalmente, nuestro proyecto quiere mejorar el debate público. Queremos facilitar herramientas conceptuales y marcos de análisis que nos ayuden a entender el potencial de los desacuerdos en entornos digitales. Debemos aprender a vivir con los desacuerdos, incluso con aquellos que se asientan en discrepancias en torno a valores e ideales epistémicos básicos. Los desacuerdos son inevitables en sociedades plurales y diversas, por lo que es necesario formular principios éticos y políticos que faciliten su gestión, por encima de su disolución o resolución.

Mejorar la calidad de nuestro debate público

Digi_morals quiere estudiar los desacuerdos morales tal y como aparecen en contextos digitales. Y para ello quiere aprovechar las nuevas herramientas que nos facilita la Filosofía Aplicada, la Comunicación y la Ciencia Social. Los desacuerdos nos circundan y en ocasiones nos separan. Los desacuerdos nos ayudan a entender nuestra posición moral, pero también nos hacen más intolerantes. Entender los desacuerdos en el contexto digital resulta fundamental para mejorar la calidad de nuestro debate público.

The Conversation

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