Qué es el optimismo académico y cómo lograrlo
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Vivimos una época de cambios acelerados en los terrenos social, económico, y tecnológico. La escuela vive su propio escenario de cambios, también múltiples y complejos:

  • De una escuela basada en los contenidos de manera exclusiva a una escuela centrada en competencias que incluyen esos contenidos y su aplicación en situaciones problemáticas concretas.

  • De una escuela de lápiz y papel a una escuela que aspira a ser tecnológica.

  • De una escuela fragmentada en múltiples materias a una escuela que busca la coherencia a través de la interdisciplinariedad.

  • De una escuela individualista a una escuela cooperativa.

  • De una escuela encerrada en sí misma a una escuela abierta al entorno.

  • De una escuela centrada en el docente como transmisor de información a una escuela que trata al estudiante como agente de construcción de su propio conocimiento.

Respuestas a través de la innovación

Ante esta realidad, el compromiso de la educación (y especialmente de la red pública) es ofrecer la respuesta más adecuada a los retos que plantea una sociedad dinámica; es decir, frente a otras maneras de responder al cambio (negación, rechazo, repetición, transferencia, etc.), el sistema educativo es un ecosistema de innovación.

Además, no se innova asumiendo novedades sin más, sino analizando los problemas que se tienen justo delante y poniendo en juego los recursos disponibles. Cabe aprender de experiencias ajenas e intentar transferir soluciones probadas en otros entornos pero, finalmente, la situación en la cual se desarrolla la innovación genera las condiciones que determinan radicalmente las posibilidades de éxito.

El optimismo académico

Para abordar la complejidad de cualquier proceso de cambio innovador, encaminar la organización hacia el logro y evitar el riesgo de fracaso, se necesita optimismo académico.

El optimismo académico hace referencia a una cultura organizativa que promueve la innovación de manera efectiva (es decir, alcanzando los logros que se propone). Su validez y efecto ha sido contrastado en diversas investigaciones y contextos educativos, incluso controlando los factores socioeconómicos de los centros educativos.

Eficacia y confianza

Este “optimismo” está formado por tres elementos: la eficacia colectiva del profesorado, el énfasis académico de la institución y la confianza. Juntos, estos tres elementos promueven la innovación y el alcance de los logros propuestos por el centro de manera eficaz.

El énfasis académico –a veces también denominado “presión académica”– refleja la insistencia de un centro educativo por alcanzar la excelencia académica y la expectativa de que todos los estudiantes puedan lograrla. Tanto los docentes como el equipo directivo creen en la capacidad de todo el alumnado para aprender y alcanzar unos resultados satisfactorios.

Para ello, definen unos objetivos de aprendizaje elevados pero alcanzables, persisten en la oferta de apoyos a los estudiantes con más dificultades así como en la eliminación de barreras para el aprendizaje, crean un entorno de aprendizaje ordenado y estimulante y promueven el respeto por los logros académicos.

También contempla concentrarse en aspectos relevantes del currículo o cuestiones emergentes en el ámbito educativo, como pueden ser el aprendizaje de lenguas y la comunicación multimodal, las ciencias naturales y la educación medioambiental, la tecnología (incluyendo cuestiones como pensamiento computacional, programación o robótica), valores éticos y ciudadanos (incluyendo la convivencia escolar como objeto de aprendizaje) o matemáticas y enfoque STEM.

Comprometidos y en equipo

La eficacia colectiva se define como la valoración colectiva del profesorado de un centro educativo acerca de su capacidad conjunta para abordar retos y objetivos educativos y para contribuir en positivo al bienestar y el aprendizaje de todo el alumnado.

Los docentes colaboran para mejorar su enseñanza, toman decisiones y trabajan juntos, definen tareas retadoras y se comprometen con la docencia, especialmente ante dificultades y situaciones problemáticas. El énfasis académico tiene un efecto más poderoso cuando la eficacia colectiva es fuerte, es decir, que el énfasis académico funciona a través de la eficacia colectiva.

Percepción y autopercepción

Finalmente, la confianza está vinculada con la percepción de la benevolencia, honestidad, competencia, fiabilidad y apertura a la innovación y al cambio de los miembros de la comunidad educativa.

La confianza existe en la relación con el equipo directivo y de los compañeros y compañeras entre sí y en la que se establece con los estudiantes y las familias.

Estructura capacitadora

Estos tres factores interactúan con otro elemento fundamental: una estructura escolar capacitadora. Esta se da cuando la estructura de poder, las reglas y normas, la política de la institución y los procedimientos cotidianos favorecen la confianza del profesorado y, por tanto, aumentan el optimismo académico del centro educativo.

El optimismo académico da forma, a su vez, a las normas escolares y las actuaciones que se desarrollan.

Además, la existencia de una estructura escolar capacitadora precede al desarrollo efectivo de una comunidad profesional de aprendizaje, y el liderazgo escolar puede ayudar a generar este tipo de estructura a través del diálogo reflexivo, la práctica profesional colaborativa, la focalización colectiva en el aprendizaje y la creación de valores y normas compartidos.

Diagrama del optimismo académico e interrelación entre sus factores y la innovación.
Schwabsky, N., Erdogan, U. and Tschannen-Moran, M. (2020). Journal of Educational Administration

¿Cómo conseguirlo?

El fuerte carácter situacional de la educación requiere que la mejora de los valores de optimismo académico y las intervenciones vinculadas a cada uno de los factores mencionados esté ajustada a la realidad del centro y de su comunidad educativa.

Se trata de un acto de cocreación, centrado en cambios de pequeña escala, realizados por las educadoras y los educadores con su aula y su escuela en mente. Debemos entender la innovación como la construcción de conocimiento local que permite una “propiedad compartida” de la innovación y la mejora.

En educación necesitamos optimismo (académico) y un entorno capacitador para acometer los cambios que permiten a la escuela estar a la altura de las circunstancias. Sin embargo, ni el optimismo es un estado de ánimo sin más ni el entorno son unas circunstancias inalterables: necesitamos construir (mediante la inversión, la toma de decisiones y las actuaciones acertadas) un nivel alto de optimismo académico y generar un entorno capacitador.

“Las personas se motivan por buenas ideas ligadas a la acción; se estimulan aún más al llevar a cabo la acción con otras personas; son impulsadas aún más al aprender de sus errores; y por último, son propulsadas por las acciones que tienen un impacto, lo que llamamos «imperativo moral percibido”.

Andy Hargreaves y Michael Fullan en Capital profesional.

De ello depende no sólo el aprendizaje de nuestro alumnado sino también la calidad de todo nuestro sistema educativo.

The Conversation

Fernando Trujillo Sáez recibe fondos del Proyecto LEyLA financiado por MCIN/ AEI /10.13039/501100011033. Además, es asesor científico-tecnológico de Conecta13, spin-off de la Universidad de Granada.

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